1976: el arte hondureño medio siglo atrás

Por Paúl Martínez. Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Fototeca Nacional Universitaria

Resumen

El arte hondureño a mediados de la década de los setenta del pasado siglo XX mostraba signos de cambio que marcarían un nuevo punto de partida dentro del arte nacional. Una generación de jóvenes pintores experimentaba nuevas formas de ver y entender el arte, renovación que buscaba dejar atrás lo que consideraban arte decorativo en función de formas experimentales en estilo y temáticas. De esos vientos de cambio surgirían los más renombrados artistas hondureños que destacaron en las dos décadas siguientes, especialmente aquellos que se decantaron por el arte social y político que caracterizó a la pintura nacional del último cuarto del siglo XX.

Palabras clave

historia del arte hondureño, pintura, siglo XX, arte social

Una década de cambios

En el decenio 1970-1979 se sucedieron una serie de eventos a nivel nacional, regional y mundial que cambiaron el rumbo económico y político de la humanidad, reflejado también en el ámbito social y cultural del cual Honduras no sería la excepción. A nivel país, la intromisión de regímenes militares en la conducción del Estado hondureño alteraría las condiciones sociales de la población, siendo la primera mitad de la década más inclinada desde la institucionalidad a satisfacer demandas sociales -especialmente de grupos campesinos a través de programas de reforma agraria- y una segunda mitad que se caracterizó por el abandono paulatino de estos programas y una cada vez mayor política represiva, representada en su máxima expresión en la masacre perpetrada la noche entre el 24 y el 25 de junio de 1975 en el centro Santa Clara y la hacienda Los Horcones en el departamento de Olancho.

Ya para 1976, el escándalo denominado bananagate había dado al traste con la administración reformista del general Oswaldo López Arellano (1921-2010) abriendo paso a una nueva política más conservadora que llevó al poder al también general Juan Alberto Melgar Castro (1930-1987), cuya administración se volvió más proclive a la empresa privada en detrimento del movimiento social que había poco a poco tomado fuerza, especialmente en el campesinado nacional.

A grosso modo ese era el panorama político social del año 1976 y el ambiente en el cual se desarrollaría el arte nacional de ese momento, sin embargo, la carencia de un corpus visual del arte hondureño de esa -y de muchas épocas más-, nos impide tener la certeza de qué exactamente el artista nacional producía como arte en ese contexto. Si por un lado esa problemática social vivida en Honduras era plasmada en sus obras o si dedicaba su esfuerzo a realizar arte de otro tipo ajeno a lo sucedido a nivel país. Las obras de arte de ese tiempo son escasas y más escaso aún lo es el encontrar un registro fotográfico que al menos nos permita entrever lo qué en ese tiempo se hacía, los catálogos de mano de las exposiciones se limitaban en el mejor de los casos a dar una lista de obras sin reproducir visualmente ninguna. Cuadros aislados en colecciones familiares o pertenecientes a colecciones privadas nos dan una ligera idea de lo que se hacía en el arte por esas fechas, pero ello sería en todo caso una vista somera de lo que se producía y no nos permite tener la certeza concreta de lo qué exactamente se pintaba.

Notas de prensa aisladas y algunos catálogos de mano de la época nos dan una idea del sentir y pensar de varios artistas sobre su trabajo plástico, pero ante la carencia de obras o de su registro documental es difícil analizar en conjunto al arte hondureño y menos emitir juicios para ordenarlo en base a lo poco que hemos podido reunir. Entre estas obras encontradas y registradas fotográficamente existen pinturas experimentales de artistas emergentes para ese entonces -como Víctor López o Luis H. Padilla-, o ya reconocidos -como Álvaro Canales o Arturo Luna, que ya se hallaban en la cúspide de su carrera-, en ambos casos encontramos en sus obras un anhelo de experimentación, tanto técnica como temática, pues en el caso de Canales busca de manera esquemática honrar a dirigentes sociales, así como Luna que retrata figuras guerreras de clara reminiscencia antigua. En tanto López o Padilla afianzan su posterior estilo pictórico, evolucionando luego a pinturas más depuradas tanto en lo visual como en lo conceptual.

Retrato de Manuel Cálix Herrera

Álvaro Canales. (1976). Retrato de Manuel Cálix Herrera. Sin datos técnicos. Reproducido de una copia en papel fotográfico blanco y negro.

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Álvaro Canales: retrato de Manuel Cálix Herrera

Pocas referencias visuales existen de la imagen del reconocido dirigente popular Manuel Cálix Herrera (1906-1939), y desconocemos a decir verdad la referencia que pudo servirle al maestro Canales para realizar su retrato a tinta de este histórico personaje del movimiento social hondureño. Ignoramos también las razones que lo motivaron a hacerlo, así como la ubicación actual del original de esta obra. Ha sido reproducido de una fotografía captada del dibujo hacia la década de los ochenta del siglo pasado, desconociendo igual si fue publicado en algún impreso de la época o las razones exactas para realizar este registro fotográfico.

Analizando este retrato, admiramos nuevamente la maestría del artista Canales para plasmar con limitados trazos la personalidad del retratado, estilizando al máximo sus rasgos y legándonos una magnífica obra de arte que dignifica al personaje retratado, pero también al mismo artista que lo ha realizado. La soltura y seguridad por Canales manejadas en esta obra, reflejan su avanzado conocimiento del oficio de artista, dominando cualquier técnica y soporte sin importar su modesta superficie, pues a simple vista parece papel común y tinta aplicada con maestría con un sencillo lápiz marcador.

Antiguos guerreros

Arturo Luna. (1976). Antiguos guerreros. Óleo sobre tela. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35mm, 2025. Esta obra pertenece a la colección plástica del Banco Atlántida.

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Arturo Luna: Antiguos guerreros

Si bien es cierto el maestro Luna ha manifestado en distintas entrevistas su inclinación hacia la antigüedad clásica, no es tan común que quede reflejada de manera tan clara en una de sus obras. La pintura que compartimos, fue mostrada por el artista en su exposición retrospectiva del año 1976 realizada en las salas del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana celebrando sus cincuenta años de vida, y en el catálogo de mano de dicha muestra, aparece titulada Antiguos guerreros.

En la pintura realizada sobre tela recubierta con una capa de arena, Luna nos deja ver su dominio de superficies granuladas y sutil estilización de las figuras: tres caballos y sus tres jinetes, dos guerreros portan escudos ovalados y levantan altivos su brazo derecho, en tanto el tercer guerrero levanta al cielo un arco de guerra sin aparentes flechas (ya que no se ven sueltas ni agrupadas en aljabas). El fondo de la escena lo resuelve el artista de manera sencilla: dos planos, una superficie verde que simula una pradera y un fondo siena que hace las veces de cielo u horizonte que destaca a los personajes ecuestres. Los de la derecha montan caballos grises y tienen un color de piel sepia y el tercero de la derecha monta un caballo café y su piel es de una tonalidad azul cerúleo. Desconocemos si estas diferencias de color -tanto de caballos como de guerreros-, se deba a una razón específica, o es simple y llanamente libertad artística.

Con estos guerreros estilizados el maestro Luna nos da cátedra de dominio artístico, tanto en aspectos técnicos como de estética, ya que pese a haber transcurrido ya medio siglo de la realización de esta obra, su soporte de tela recubierto de arena luce intacto, y su sobrio diseño es perfectamente actual, lo que nos dice de la perennidad que tienen las verdaderas obras de arte.

Retrato de Juan Ramón Laínez

María Williams de Talavera. (1976). Retrato de Juan Ramón Laínez. Óleo sobre tela. 60 x 70 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35, 2024. Colección particular.

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María Williams de Talavera: retratos entre artistas

A nivel país, no es tan común encontrar la obra de un artista que retrata a otro artista, por ello es muy particular esta pintura de María Williams en donde vemos a un joven Juan Ramón Laínez retratado casi de perfil y en un acabado bastante académico, usual en esta época en la obra de María Williams. Realizado en colores tierra, pastel, la pintura difiere del colorido mostrado por la artista en otras obras -como cuando pinta flores, especialmente girasoles-, esa paleta neutra era más usada para obras de carácter social, en donde vemos rostros apesadumbrados o tristes, pero que dan a este retrato un matiz diferente, no busca transmitir belleza, refleja un aire de melancolía muy propio de los artistas.

Su acabado, su cromatismo y la técnica misma de ejecución hacen inconfundible su autoría por la pintora Williams.

Sin título

Luis H. Padilla. (1976). Sin título. Óleo sobre tela. Fotografía por Evaristo López Rojas en película reversible en color formato 120, Ca. 1988. Colección particular.

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Luis H. Padilla: una década construyendo un estilo

El decenio 1970-1979 marca un antes y un después en la carrera artística del pintor Luis H. Padilla. Ha sido ésta una década de experimentación y consolidación de un estilo que le es característico al artista hasta el presente. Los tonos grises del cuadro que acá compartimos nos muestran su predilección por la paleta de colores siena de sus pinturas hacia estos años, solo que a diferencia de otras de similar factura y formas, Padilla parece retratar una pareja vista de frente estando las figuras recostadas, por ello es visible su rostro y el bloque estilizado de sus cuerpos, dejando entrever este ángulo el pie levantado que nos da la idea de que las personas retratadas se hallan acostadas una junto a la otra, como si entre ellas hubiera una comunicación que deja solo entrever la obra.

Sin título

Mario Mejía. (1976). Sin título. Óleo sobre tela. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35, 2026. Esta obra pertenece a la colección plástica del Banco Atlántida.

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Mario Mejía: figuras incorpóreas, etéreas y diluidas

Para 1976 el artista Mejía se hallaba inmerso en un proceso de búsqueda y experimentación, lo que puede inferirse al admirar la pintura que compartimos. Forma parte de una serie más amplia de figuras efímeras en el lienzo, no precisamente abstractas sino más bien sin forma, como si su humanidad se estuviera derritiendo hasta convertirse en una entidad amorfa, es la corporalidad escapándose de cualquier persona retratada originalmente en su pintura.

Sencillo sería citar el espíritu de psicodelia imperante en los años setenta para explicar esta pintura, el gusto por los colores fuertes y brillantes, así como las figuras desvanecidas y casi insinuadas es parte del gusto artístico de la época. Sin embargo, en esta serie del artista Mejía encontramos ciertos rasgos particulares que disipan la sensación de sencillez que podemos aducir de las figuras abstractas, tienen estas pinturas un cierto encanto que solo el artista es capaz de plasmar en sus obras sin recurrir a fórmulas de creación masiva como lo son la inclinación hacia estimulantes sintéticos que en ese decenio se hicieran tan populares y que le dieron al diseño y al arte de los setenta una impronta propia que aún en el presente atrae y conecta con el gusto popular.

Retrato de Aidé

Ezequiel Padilla Ayestas. (1976). Retrato de Aidé. Tinta sobre papel. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35mm, 2019. Colección particular.

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Ezequiel Padilla Ayestas: retrato de Aidé

Al trabajo en tinta no suele reconocérsele tanto como la pintura convencional, a la que se valora muy por encima de otras técnicas del arte. Sin embargo, artistas como Ezequiel convierten una técnica sencilla en obras de arte por derecho propio. Es el caso del retrato que de su esposa Aidé haría en 1976. Una tinta aplicada con la soltura y la maestría de un pintor verdadero, la obra más que retratar los rasgos físicos de un ser amado -más allá de su parecido físico- es el reflejo de una personalidad: la del artista y la de Aidé retratada. Es una pieza que refleja ya los primeros atisbos de la pincelada fuerte y trazo enérgico que caracterizarían al arte de Ezequiel de las siguientes décadas, y forma parte de una serie más amplia de retratos similares que Ezequiel realizaría en ese y en años posteriores, en estos casos de carácter familiar y admirados solo por aquellos muy cercanos a él y a su hogar.

Sin título

Gelasio Giménez. (1976). Sin título. Óleo sobre tela. 30 x 40 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35mm, 2025. Colección particular.

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Gelasio Giménez: trazos que reafirman un legado prolijo

Nacido en Cuba, Gelasio hizo de Honduras su segunda patria, creando un prolífico acervo de obras -especialmente pinturas-, y convirtiéndose en buena medida en maestro al formar en su taller a relevantes artistas nacionales: Alejo Lara, Aníbal Cruz o María Williams de Talavera, entre quienes se pueden mencionar. En un catálogo publicado en 1968 por el Instituto Hondureño de Cultura Interamericana y la Escuela Nacional de Bellas Artes sobre artistas nacionales de ese tiempo, refieren sus años en Cuba y su inclinación hacia la escultura, disciplina que en Honduras nunca practicaría. Sobre Gelasio, el catálogo nos comparte que:

En su tierra natal presentó exposiciones individuales en el Lyceum de El Vedado (1953), dejando muestras de su creación en la fachada del Palacio de Bellas Artes y un grupo escultórico particular en La Habana. Posteriormente efectuó otras exposiciones individuales en México, El Salvador y Tegucigalpa (1958, 1963 y 1966).

Exposiciones colectivas: Galerías de Arte, San José, Costa Rica; Cuarto Salón de Octubre, Guayaquil; Primer Salón de Pintura, Tegucigalpa; International House, Nueva Orleans; Concurso Esso de Artistas Jóvenes; Segundo y Cuarto Salones Anuales de Pintura. Los nuevos valores de Honduras han sabido aprovechar los conocimientos de Gelasio Giménez (El arte contemporáneo en Honduras, 1968, p. 18).

Vemos entonces que desde ese ahora lejano 1968, Gelasio era ya considerado un referente del arte nacional, prestigio que se dimensionaría al transcurrir del tiempo, dejando su lectura la interrogante del por qué no realizaría esculturas siendo su principal actividad en los inicios de su carrera artística.

Lavanderas

Benigno Gómez. (1976). Lavanderas. Óleo sobre tela. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35mm, 2017. Colección particular.

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Benigno Gómez: primeros atisbos de un estilo muy particular

Hacia la primera mitad de la década de los setenta del pasado siglo XX, el maestro Gómez no había encontrado ese estilo tan propio que reconocemos fácilmente de su pintura en sus años de mayor producción y refinamiento estético. Y aunque la pintura que compartimos no este fechada por el artista, su actual propietario nos ha informado que fue adquirida en el año 1976, por lo que puede ser de las primeras obras en las que Benigno pinta el tema de las lavanderas y en ese estilo tan particular del maestro. Otras obras anteriores (compartidas en esta misma Galería Virtual de las Artes) nos muestran un estilo, cromatismo y temática muy distinta a la pintura superior, en donde ya admiramos ese estilo que mantendría el artista en sus últimas décadas de producción -especialmente en la última década del siglo XX y la primera del XXI-.

Las lavanderas serían un tema muy pintado por el maestro Gómez -y de hecho muy común en el arte hondureño del siglo XX-. La ausencia de una fecha plasmada directamente en esta obra nos genera dudas sobre el desarrollo del estilo pictórico del artista, lo que devela las falencias de nuestra historia del arte, especialmente de su registro documental, circunstancia que limita su estudio y análisis de cara al presente y futuro de las investigaciones estéticas de nuestro país.

Tegucigalpa, MDC, CAC-UNAH Sede Paraninfo, viernes 22 de mayo de 2026

Referencias bibliográficas

El arte contemporáneo en Honduras. (1968). Tegucigalpa: Instituto Hondureño de Cultura Interamericana y la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Las obras exhibidas en esta plataforma han sido cedidas temporalmente al Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (CAC-UNAH) para su difusión digital a través de la Galería Virtual de las Artes (GAVIA).

La autoría y los derechos de las obras corresponden exclusivamente a sus creadores o titulares.

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