Epístolas para entender un libro:

Nelson Merren le escribe a Oscar Acosta, 1961-1969

Por Paúl Martínez. Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Fototeca Nacional Universitaria

Joven Nelson Merren

Un joven Nelson Merren en 1950 apreciamos en la imagen. Autor desconocido, copia en papel fotográfico blanco y negro 19 x 25 cm.

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Resumen

A través de la lectura de diecisiete cartas enviadas por el poeta Nelson Merren (1931-2007) al literato Oscar Acosta (1933-2014) entre 1961 y 1969, se va dibujando la creación literaria del primero, especialmente de su libro Calendario negro del año 1968, así como los orígenes de la idea del proyecto colectivo La Voz Convocada, piezas clave de la historia literaria nacional. Interioridades que estas cartas nos permiten conocer y que ahora la Universidad Nacional Autónoma de Honduras desea compartir sus originales en este espacio virtual para su lectura y un análisis más amplio, como un homenaje algo tardío a dos de las figuras más destacadas de la poesía hondureña.

Palabras clave

poesía hondureña, correspondencia epistolar, literatura

Homenaje

Homenaje al poeta Nelson Merren en la librería Paradiso, 1988. De izquierda a derecha podemos admirar a Rigoberto Paredes, José Adan Castelar, José Luis Quesada, Juan Domingo Torres, César Lazo, Nelson Merren, Armando García y Rafael Rivera. Imagen captada por Roger Gutiérrez, copia en papel fotográfico blanco y negro 14.8 x 10 cm

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Introducción

La poesía existe desde que la humanidad tiene memoria y ha sobrevivido milenios transmitida por distintos medios de generación en generación. Buena parte de esta transmisión ha sido a través de la tradición oral, ya que por milenios la poesía y distintos saberes atesorados por la humanidad han sido memorizados y expresados para los más disímiles espacios y audiencias. La invención de la escritura y de cualquier soporte en el cual hayamos encontrado vestigios de haber sido plasmada es relativamente reciente en comparación a los miles y miles de años en los cuales la única manera de transmitir algo había sido la oralidad, aún en el presente tercer milenio, pese a todos los adelantos tecnológicos de nuestra era, buena parte del saber material e inmaterial de la humanidad continua perpetuándose a través de la oralidad, desde el saber campesino relacionado con la siembra, la receta familiar de ciertos platillos o contraseñas de informática que confiamos a la mente y rara vez las plasmamos en algo escrito.

Poemas como los de El libro de los reyes se siguen conociendo pasado ya un milenio desde que Firfuci los recitó en la antigua Persia, y la universalmente conocida La divina comedia de Dante Alighieri ha cumplido casi siete siglos de existir en donde al menos la mitad de ese tiempo sobrevivió como relato declamado. Una carta es como esa oralidad tan presente en nuestro pasado como humanidad. En cada misiva, un autor narra sus propias palabras y vendrían a ser como una especie de historia oral trasladada a páginas escritas.

Las cartas constituyeron por mucho tiempo la mejor forma de comunicación -personal o profesionalmente hablando-. Ahora es una práctica en desuso, las oficinas de correo pasan vacías y rara vez o nunca, recibimos una carta de un pariente o de una amistad. A nivel país, las cartas no son una fuente muy utilizada para estudios biográficos o de temas históricos, aunque es a nuestro juicio un relato directamente escrito por el protagonista y por ello creemos sea la fuente más directa de los hechos. En el presente caso, Nelson Merren deja implícita su inconformidad con el mundo o con lo que él nombra «Poder malévolo» (Merren, 8 de marzo de 1965), y errado o no, el poeta vive y se expresa según su forma de ver y de entender el mundo. Y si bien exteriorizan estas cartas interioridades del poeta Merren, las mismas tienen como finalidad expresarle a su destinatario motivos personales que inciden en su creación literaria, pues de esa índole es la correspondencia epistolar girada por ambos y no en sí datos íntimos que pudieran herir susceptibilidades y que no estaríamos en el derecho de compartir. Al ser temas literarios muy cercanamente determinados por hechos personales, el compartir estas cartas nos ayuda a comprender la poesía de Merren, ya que el único anhelo que buscamos es estudiar este proceso de creación y honrar a dos figuras claves de la historia de la literatura hondureña.

Debemos entender también que el decenio sesenta-setenta del siglo XX fue una época compleja, a nivel internacional muchos sucesos incidían en nuestra vida interna y empezamos a ser arrastrados a conflictos geopolíticos que poco o nada tenían que ver con nuestra región. En 1957 una nueva figura aparecía en la escena política nacional con la instauración del primer régimen militar que suplantaría al presidente civil -perpetuado ilícitamente en el poder debemos admitir, pero a fin de cuentas una figura civil en la presidencia del Estado hondureño-, figura presidencial que fue depuesta en el primer golpe de Estado militar que conoció el país, para luego retornar en 1958 al gobierno civil de Ramón Villeda Morales (1909-1971) el cual también fue depuesto por otro golpe de Estado militar en 1963 y así concluyó la década. Además, debemos sumar la guerra innecesaria de julio de 1969 que enfrentó a dos pueblos tradicionalmente hermanos: Honduras y El Salvador.

Resumida de manera tan sucinta la historia nacional en el período de tiempo en el cual se giraron estas cartas es complicado entender el desasosiego del poeta por lo vivido a nivel país, aunque las cartas nos informan de largas estadías de Merren en los Estados Unidos de América en casa de la hermana, pero motivados en alguna forma para buscar alivio médico a sus dolencias -físicas, pero emocionales también-.

Qué sentiría el poeta en el presente cuando tantas de estas incertidumbres se han acentuado y el conocimiento aun cuando es más accesible se convierte más bien en un privilegio condicionado por el acceso a tecnologías, tal como Elvira Navarro reflexiona:

La realidad está cada vez más definida por el uso de las nuevas tecnologías. Nuestra relación con los demás y con el mundo pasa por ellas, y nos amoldamos sin chistar a su lógica perversa: la del dinero y la muerte. Nada permanece. Todo es consumido de inmediato. No hay elaboración, reflexión, autonomía, tiempo. Tampoco queda apenas lugar para la memoria, la cual, en un contexto como este, se convierte en algo potencialmente subversivo. Pues la memoria, entendida en un sentido amplio - la de nuestras familias, pero también la de los libros, las películas, las pinturas y, en general, la del arte, el folclore o el pensamiento -, alberga modos distintos de mirar y vivir (Navarro, 2023, p. 16).

Primera carta

Primera carta del poeta Merren a Oscar Acosta: La Ceiba, noviembre 1 del año 1961. Anverso mecanografiado en máquina de escribir, una hoja 21.6 x 28 cm

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De 1969 al presente tantas cosas han cambiado, el mundo mismo es radicalmente diferente en muchas formas, y como bien lo menciona la autora, existen ahora «modos distintos de mirar y vivir». En el presente caso de las cartas al poeta Acosta, Merren le expresa experiencias muy personales que de una u otra manera inciden en su propia producción literaria, en otras palabras, su forma de mirar y de vivir, pero no tenemos la respuesta de Acosta a estas misivas, o lo que el poeta recomendó -sea de manera personal o en el tema literario-. La lectura de las cartas nos da la versión de Merren -que es valiosa pues expresa su particular visión de la vida y de lo que para él significa la escritura-, pero no dejamos de lamentar la ausencia de las respuestas que pudo haber dado el poeta Acosta, que en varias cartas se deja entrever «Hasta ahora tengo el placer de contestar su carta del 5 de Diciembre, pues me llegó muy retrasada. Supongo que al aumentar el volumen de correspondencia en estas festividades navideñas, muchas cartas se extravían o se retrasan» (Merren, 1963, 23 de diciembre).

Este dilema viene siendo como el relato distinto de lo sucedido que cuentan los cuatro testigos de la tragedia central de la obra maestra de Akira Kurosawa titulada Rashomon, todos cuentan su versión y no necesariamente alguien dice algo falso, por lo que se ha nombrado a esta disparidad de historias narradas por diferentes protagonistas de los mismos hechos como el efecto Rashomon. Pero el mundo -y su visión y lugar en él- de los poetas Merren y Acosta eran distintos, el primero buscaba su espacio en el quehacer literario nacional, el segundo ya era una prominente figura en la cultura y la intelectualidad de Honduras, por ello sus puntos de vista sobre el arte de la escritura debieron ser también diferentes y quizá la causa de la interrupción de su correspondencia -aunque dicha razón la desconozcamos-, o quizá sí continuó esta comunicación pero carecemos de las cartas que puedan permitirnos afirmar que la correspondencia entre ambos se interrumpió en algún momento.

El poeta Acosta también publicó otras facetas de Merren, como su relato corto titulado La Mariquita, que aparece en la revista Extra de diciembre de 1967. Si bien a primera vista es una fábula, leyendo mejor el escrito nos damos cuenta de la habilidad de Merren de jugar con las palabras y hablarnos en realidad de actitudes humanas, no de cuestiones entomológicas como con facilidad podríamos creer:

Huye de los dedos ansiosos entre los laberintos de la grama. Tímida y rechoncha, quiere esconder a toda costa su kimono rojo en el envés de una hoja. Damajuana de fantasía, cupulilla encarnada del verano, te han dicho que eres encantadora? Por eso te persiguen. Todos saben que en tu cofre de coral hay diminutos espejos de obsidiana, y quieren verlos de cerca. Y lo que haces es ocultarte. Pero yo aguardaré agazapado, para atisbarte cuando confiada salgas de nuevo a tu jardín (Merren, 1967, p. 13).

Carta Ceiba

La Ceiba, marzo 15 del año 1963. Anverso manuscrito, reverso en blanco, una hoja 15.61 x 20.82 cm

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Las cartas y lo que en ellas se lee

«Nuestras formas de ser y nuestras emociones están moldeadas por estructuras socioeconómicas que organizan el trabajo, el reconocimiento y la pertenencia social» (Pelluchon, 2026, p. 2). La anterior es una gran verdad que en el presente explica mucho la complejidad de nuestra vida social. En otra escala, hacia los años sesenta los dilemas eran otros, pero siempre los había. Hacia 1969, Clementina Suárez (1902-1991) expresó a Pompeyo del Valle (1928-2018) al preguntarle qué papel jugaba la felicidad al crear poesía que:

La felicidad no es improductiva literariamente. Lo que sí es improductivo es negarse a conocer el dolor en todas sus manifestaciones. La felicidad es fuente de poesía. Tiene que serlo. Ciertamente, como tú dices, el mundo futuro será más feliz que el actual. Por lo menos, será más compartido. Y la literatura florecerá de manera insospechada (Suárez, citada en del Valle, 1969, p. 21).

Lastimosamente la poeta era muy optimista para imaginar que el mundo florecería, pero recordemos que ese año la humanidad se sentía dueña del futuro con la llegada a la Luna de las misiones Apolo, quizá la poeta era llevada por este aire de triunfo del conocimiento para alcanzar cualquier meta fuera de nuestra atmósfera, o simplemente su acendrado amor a Honduras la hacía imaginar tiempos mejores para el arte y la cultura hondureñas. Por el contrario, la poesía de Merren en ese entonces era más cauta con el progreso humano y la esperanza de una mejora en la sociedad hondureña o mundial. Para él, las cosas tenían un cierto Sabor a sombra -parafraseando el título de uno de sus poemas-. Así como en el presente, nuevamente la filósofa Pelluchon nos pone los pies sobre la tierra:

La dinámica de aceleración característica de la modernidad tardía —marcada por una expansión constante de la producción, el consumo y el intercambio sin otro fin que sostenerse a sí misma—, junto con las formas de gestión del trabajo, las nuevas tecnologías y las redes sociales, somete a los individuos a una presión intensa. Muchos llegan a sentirse superfluos, intercambiables, insignificantes. La consiguiente desubjetivización y la dificultad para establecer relaciones significativas con el mundo y con los demás se traducen en una insatisfacción generalizada y en un malestar difuso, persistente (Pelluchon, 2026, p. 2).

Homenaje Bellas Artes

Homenaje al poeta Nelson Merren en la Escuela Nacional de Bellas Artes, 1988. De izquierda a derecha podemos admirar a Juan Domingo Torres, Rigoberto Paredes, Helen Umaña, César Lazo, Nelson Merren, Roberto Sosa, Delmer Mejía y Lourdes Herrarti. Autor desconocido, copia en papel fotográfico blanco y negro 19.9 x 12.5 cm

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Palabras finales

Escribió Marco Aurelio casi dos milenios atrás, que «El que anda alucinado por la gloria póstuma, no se imagina que cada uno de los que se acuerden de él morirán también muy en breve; después, a su vez, morirá quien lo reemplace, hasta que todo su recuerdo se haya extinguido, pasando de uno al otro, como luces que se encienden y se apagan» (Marco Aurelio, p. 40). Esas luces que intermitentes complican nuestras vidas, podemos encontrarlas en gran medida en las cartas de Merren al poeta Acosta. Como si la inspiración fuese una de esas luces que se encienden y que se apagan en determinados momentos de nuestras vidas, al menos ello es lo que deja entrever Merren al leer sus cartas, en unas afanado con el deseo de escribir «Yo también he sentido la urgencia de decir y de comunicar algo, y hace algún tiempo vengo escribiendo poemas, un poco tarde, quizá, pues cuento ahora 31 años» (Merren, 1963, 8 de noviembre), y en otras en donde admite encontrarse en un marasmo (Merren, 1966, 13 de diciembre). Cinco años atrás, lacónico escribió: «Si alguna vez me reconcilio con la vida –cosa que me parece difícil– quizás arroje este ropaje lúgubre y escriba en otra forma» (Merren, 1961, 1 de noviembre).

Al leer las cartas entendemos entonces cómo fue tomando ese estilo oscuro y pesaroso su poesía, especialmente la de su primer libro: Calendario negro. Los escritos de Merren reflejaban su lucha interior y declamaba en ellos su escepticismo, su inconformidad con el statu quo y en buena medida su vehemente necesidad de ver su poesía publicada:

También recibí su amable telegrama del 29 diciéndome que sintonizara la radio para oír "Triptico Marino". Lo hice, y me gustó mucho la interpretación que le dieron. ¿Cómo expresarle mi gratitud, Oscar? Porque todo esto es obra suya. Su generosidad de espíritu me anonada y sólo puedo decirle que le estoy fervientemente agradecido. Casi todos los poemas de "Calendario Negro" han sido publicados por Ud. Sólo permanecen Inéditos "Palabras' y "Los Edificios encantados del pozo". Es un volumen delgado, pero creo que tiene unidad (Merren, 1961, 1 de noviembre).

Vemos entonces que ya en 1961 el libro Calendario negro tenía forma, qué cambió entre esa idea y su publicación final en 1968 es tarea aún pendiente, de ahí la relevancia de estas cartas y de la reunión de cualquier documento referido a esta historia literaria que permitirían construir la evolución de la poesía de Nelson Merren, construir poco a poco una cronología de su poesía y del cómo fue tomando forma navegando -parafraseando a la premio Nobel chilena- en este Río loco de la memoria (Mistral, citada en Horan, 2024, p. 65). Al final, como bien lo ha escrito Merren en su poesía titulada Biografías: «Bienaventurados los que saben que lo ignoran todo / porque de ellos será un reino estepario».

Nelson Edmund Merren nació en el puerto de La Ceiba el 10 de diciembre de 1931, estudio odontología en la hermana república de El Salvador y ejerció su profesión a la par de su carrera literaria, escritos en los cuales encontraba senderos de expresión de sus más hondos pensamientos, su poesía es crítica a la sociedad en general y especialmente a lo que él llamó en su poema Más allá «…un gran silencio blanco para el pecho». El 24 de mayo del año 2007 en la ciudad de Nueva York, Nelson Merren fallece y se ve finalmente engullido por ese «Ciego cristal de ausente lejanía» que vaticinó décadas atrás en el poema que tituló Elogio de mi muerte.

Tegucigalpa, MDC, Paraninfo universitario, lunes 20 de abril del año 2026

Galería de cartas 1963-1969

Carta del 8 de noviembre de 1963

Noviembre de 1963

La Ceiba, noviembre 8 del año 1963. Anverso mecanografiado en máquina de escribir, reverso en blanco, una hoja 21.6 x 28 cm.

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Carta del 4 de diciembre de 1963

Diciembre de 1963

Galveston, Texas, diciembre 4 del año 1963. Carta manuscrita en una hoja 26.8 x 18.45 cm doblada por la mitad, dos caras escritas, dos caras en blanco.

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Carta del 23 de diciembre de 1963

Diciembre de 1963

Galveston, Texas, diciembre 23 del año 1963. Carta manuscrita en una hoja 26.8 x 18.45 cm doblada por la mitad, dos caras escritas, dos caras en blanco.

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Carta del 22 de enero de 1964

Enero de 1964

Galveston, Texas, enero 22 del año 1964. Carta manuscrita en una hoja 26.8 x 18.45 cm doblada por la mitad, dos caras escritas, dos caras en blanco.

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Carta del 29 de febrero de 1964

Enero de 1964

Galveston, Texas, febrero 29 del año 1964. Anverso mecanografiado en máquina de escribir, una hoja 15.25 x 23 cm, reverso en blanco.

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Carta del 27 de octubre de 1964

Octubre de 1964

Galveston, Texas, octubre 27 del año 1964. Carta manuscrita en dos hojas 14.97 x 22.94 cm, dos caras escritas, dos caras en blanco.

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Carta del 22 de julio de 1965

Julio de 1965

Galveston, Texas, julio 22 del año 1965. Carta manuscrita en una hoja 28.19 x 21.7 cm doblada por la mitad, anverso y reverso escritos.

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Carta del 01 de fabrero de 1966

Febrero de 1966

La Ceiba, febrero 1 del año 1966. Carta manuscrita en dos hojas 21.9 x 28 cm, anversos escritos, reversos en blanco.

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Carta del 13 de diciembre de 1966

Diciembre de 1966

La Ceiba, diciembre 13 del año 1966. Anverso mecanografiado en máquina de escribir, una hoja 15.25 x 23 cm, reverso en blanco.

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Carta del 17 de marzo de 1967

Marzo de 1967

La Ceiba, marzo 17 del año 1967. Carta manuscrita en cinco hojas 15.23 x 21.24 cm, anversos escritos, reversos en blanco.

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Carta del 16 de agosto de 1967

Agosto de 1967

La Ceiba, agosto 16 del año 1967. Carta manuscrita en dos hojas 15.23 x 21.24 cm, anversos escritos, reversos en blanco.

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Carta del 22 de diciembre de 1967

Diciembre de 1967

La Ceiba, diciembre 22 del año 1967. Anverso mecanografiado en máquina de escribir, una hoja 21.9 x 28 cm, reverso en blanco.

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Carta del 21 de agosto de 1968

Agosto de 1968

La Ceiba, agosto 21 del año 1968. Carta manuscrita en una hoja 15.23 x 21.39 cm, anverso y reverso escritos.

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Carta del 14 de septiembre de 1968

Septiembre de 1968

La Ceiba, septiembre 14 del año 1968. Anverso mecanografiado en máquina de escribir, una hoja 21.9 x 28 cm, reverso en blanco.

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Carta del 23 de enero de 1969

Enero de 1969

La Ceiba, enero 23 del año 1969. Carta manuscrita en una hoja 15.61 x 20.82 cm, anverso y reverso escritos.

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Referencias bibliográficas

Del Valle, Pompeyo. (1969). Clementina Suárez: un nuevo concepto de la Poesía y la vida. En revista Extra, septiembre de 1969, Año V, No. 52. Tegucigalpa: editada por Oscar Acosta. pp. 19-21.

Horan, Elizabeth. (2024). Mistral. Una vida. Solo me halla quien me ama 1889-1922. Traducción de Jaime Collyer. Ciudad de México: Penguin Random House, Grupo Editorial.

Marco Aurelio. (2025). Meditaciones. Traducción de Miquel Dolç. Ciudad de México: Penguin Random House, Grupo Editorial.

Merren, Nelson. (1967). Mis bichos. En revista Extra, diciembre de 1967, Año III, No. 29. Tegucigalpa: editada por Oscar Acosta. p. 13.

Navarro, E. (2023). ¿Hacia el fin de la memoria?. En diario El País, domingo 1 de octubre de 2023, Año XLVIII, Número 16,869. Madrid: Ediciones El País. p. 16.

Pelluchon, C. (2026). Cómo replantearnos el poder en sí mismo. En diario El País, domingo 29 de marzo de 2026, Año LI, Número 17,771, suplemento semanal Ideas. Madrid: Ediciones El País. pp. 2-3.

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