Dante è Doré. Tercera parte: El Paraíso

Liniea Arte Moderno

Dante è Doré. La Divina comedia ilustrada por Gustave Doré

Tercera parte: El Paraíso

 

Paúl Martínez
Fototeca Nacional Universitaria - UNAH

 

 

En los meses de octubre y noviembre del presente 2021 se han inaugurado en la Galería Virtual de las Artes de nuestra universidad la primera y segunda parte de la obra magna del poeta Dante Alighieri La divina comedia ilustrada por Gustave Doré y dedicadas a describir su transito por el Infierno y el Purgatorio. Dichas exposiciones han formado parte de las actividades en conmemoración al séptimo centenario del fallecimiento de Dante Alighieri, suceso acaecido en el año 1321 en Ravena, en lo que hoy conocemos como Italia, recordemos que para ese entonces la península itálica era una serie de poderosas ciudades estado que ahora componen esa gran nación. Siete siglos transcurridos es un período de tiempo que condenaría al olvido a cualquier otra obra que no tuviese el genio y el arte de la creación de Dante, su trascendencia en el tiempo nos demuestra que el arte es eterno y es universal, siendo del gusto de sociedades tan distintas como la europea de la Alta Edad Media o las del continente americano del siglo XXI. Ya que pese a que han transcurrido casi tres cuartos de un milenio desde su creación, la obra del poeta florentino continua leyéndose, traduciéndose o interpretándose, así como sigue presente su versión ilustrada por Gustave Doré desde la segunda mitad del siglo XIX.

De esas fechas al presente tantas cosas han cambiado y solemos superficialmente pensar en la Edad Media como un tiempo de oscuridades en todos los sentidos, pero lo cierto es que oscuridad siempre ha existido a todo lo largo de la historia humana, así como luces también han iluminado su andar por esta tierra, por ello el presidente de la Academia Nacional de México José Elías Romero Apis tomando de reflexión a la Edad Media expresaba lo siguiente:

Las cosas se valúan y las personas se valoran. Es un enigma si, a lo largo de los siglos, nos hemos perfeccionado o si tan sólo hemos progresado. Si hoy somos mejores personas o si tan sólo tenemos mejores cosas.

La mayor diferencia entre los ocho siglos de la Edad Media y los ocho siglos que la precedieron no fue tan sólo la presencia de lo malo, sino la ausencia de lo bueno (Romero, 2021: 14).

La divina comedia es tan actual como lo fue cuando Dante la creó siete centurias atrás ya que trata sobre sociedades con los mismos anhelos y obstáculos que sobrellevar, habla de buenos y de malos, de soñadores y de materialistas, de iluminados seres pero también de oscuros individuos. Por ello es tan vigente al tratar del ser humano y su actuar en nuestro mundo. Ahora, para culminar este modesto homenaje a la memoria del poeta, presentamos la tercera parte de la obra que trata sobre su transito por el Paraíso, de la mano de su amada inmortal Beatriz, siempre utilizando las ilustraciones de Doré para rendirles un homenaje a quien escribe la obra y a quien cinco siglos después de creada ésta la ilustró, legándonos un valioso aporte al arte universal, dimensionando nuevamente las letras de Dante que ya eran en sí mismas, una obra maestra de la literatura.

En esta tercera parte de la obra, Doré realiza menos ilustraciones que las hechas para las dos partes precedentes (75 para el Infierno y 42 para el Purgatorio) siendo 18 las realizadas para el Paraíso, una diferencia bastante marcada en realidad. De igual manera, la tonalidad de las ilustraciones varía según sea la región en la cual el poeta se encuentre, siendo más oscuras en el Infierno, intermedias en buena parte del Purgatorio y más claras en las representaciones del Paraíso, en donde las ilustraciones son más iluminadas, prevaleciendo marcadamente las zonas claras a las oscuras como hemos podido admirar en el Infierno o el Purgatorio. Todas las ilustraciones que para la obra de Dante Alighieri La divina comedia fueron realizadas por Gustave Doré y que han sido utilizadas en la presente exposición se han reproducido de la edición publicada en Barcelona en 1992 por OCEANO Grupo Editorial y traducida por Cayetano Rosell.

 

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Si tuviera ¡oh lector! más espacio para escribir, celebraría en cuanto es posible el dulce licor que jamás me hubiese dejado harto; pero toda vez que están llenas las hojas destinadas á este segundo canto, no me consiente ir más allá la rémora del arte. Volví pues tan reanimado de aquellas sacrosantas aguas, como las plantas nuevas que se reproducen en sus nuevas hojas, y purificado y dispuesto para subir á la celestial morada (Alighieri, 1992: 613). Beatriz conduce a Dante en el último tramo del Purgatorio que le acerca aún más al Paraíso, le acompañan sietes ninfas y Stacio, el poeta que termina de purgar su pena y ascenderá al cielo acompañando a Dante, Beatriz le señala a éste las aguas del río Leteo y le conmina a beber las aguas del Eunoé, el que de manera prodigiosa frente a sus ojos se divide del primero ante la mirada asombrada del poeta.

Dante bebe de sus aguas e inmediatamente siente una energía renovada para continuar, llama a este líquido cristalino …el dulce licor que jamás me hubiese dejado harto, y se siente con este influjo ya …purificado y dispuesto para subir á la celestial morada. Así concluye el poeta su relato del Purgatorio, de esta manera inicia de la mano de Beatriz su ascenso al Paraíso, al cual divide según las teorías de Ptolomeo en nueve círculos concéntricos con la Tierra como centro, cada círculo o cada cielo dirigido por un ángel al cual Dante en su obra les llama inteligencias, a ellos se dirige Beatriz implorándoles le dejen llevar a Dante hasta el noveno cielo, en donde podrá admirar como ser de carne y hueso la impoluta visión de Dios.

 

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¡Oh verdadero destello del Santo Espíritu! ¡Qué repentinamente y qué encendido me dió en los ojos, que deslumbrados no pudieron resistirlo! Pero tan bella y risueña se me mostró Beatriz, que debe esta visión agregarse á las que es incapaz de retener la mente (Alighieri, 1992: 709 y 710). Beatriz se dirigía a Santo Tomás, el espíritu que hacía girar el quinto cielo, rogándole iluminase a Dante sobre las verdades que le harían entender su valía para ascender hacia el siguiente nivel del cielo. En la ilustración superior el poeta se halla esperando detrás de su amada, sostenidos ambos en etéreas nubes que les acercan al círculo que forman infinitos espíritus luminosos que irradian una poderosa luz que ciega temporalmente la visión de humano que tiene Dante.

La figura de Beatriz ocupa el centro de la composición, tanto en su luminosidad que la destaca de cualquier otra figura o elemento en ella, como en la posición central que Doré le dio en esta imagen. Dante se halla a la derecha de ella y en un nivel más bajo, semi arrodillado y con las manos en el pecho como si estuviese orando por su amada o maravillado por el espectáculo luminoso que admiraba, su parte izquierda está iluminada por el resplandor del círculo de luz en el cielo, su parte derecha proyecta la sombra que esta luz produce y ello hace que se destaque su silueta del cielo gris, en el que podemos admirar el tintilineo de un par de estrellas. Hacia la esquina superior izquierda de la ilustración vemos como el vuelo de cientos de ángeles brillantes forman un círculo luminoso, dentro y fuera del cual se escucha la voz de Santo Tomás que permite al final el paso del poeta ante el ruego de Beatriz.

 

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No puede aquí el ingenio expresar lo que guardo en mi memoria: resplandecía Cristo en aquella cruz de tal manera, que no hallo comparación con que encarecerlo; mas el que tome su cruz y le siga, me disculpará desde luégo esta omisión, cuando algún dia le vea brillar en el Santo árbol (Alighieri, 1992: 710 y 713). Las visiones a las que Dante se halla expuesto en cada parte de su trayecto producen en él emociones y sentimientos que admite le son difíciles de describir, así sucede cuando frente a sus ojos admira una resplandeciente cruz formada por el cruce de dos ráfagas de luz que forman una cruz, y fijado a ella el cuerpo inerme de Jesús.

Cientos de ángeles rodean y a la vez dan forman a la cruz que sostiene el cuerpo de Cristo, al decir de Dante …espíritus luminosos, que lanzaban vívidos destellos, así al unirse como al cruzarse unos con otros… (Alighieri, 1992: 713). En la ilustración superior la cruz flota en el cielo, como sostenida por los ángeles que se arremolinan a su alrededor y que el poeta narra cantan una melodía que apenas es perceptible para él dada su gran belleza. Esta cruz la ubica Doré hacia la izquierda en la ilustración, dejando a la derecha las figuras de Dante arrodillado y Beatriz de pie admirando la celestial visión de Cristo crucificado. Tanto Dante como Beatriz se hallan de espaldas al observador, su vista está dirigida hacia la cruz en el cielo, y el poeta apoya sus manos en la nube que les sostiene y parece orar, intención que se reafirma cuando leemos el texto e inferimos de él que Dante se halla conmovido por la visión que sucede frente a él y Beatriz. Finalmente es esta cruz luminosa la que les permite acceder a través de ella al quinto cielo.

 

44 Ficha

 

Como el carbon encendido se aviva al soplo del viento, ví que resplandecía aquella luz á mis halagüeñas frases; y así como había aumentado á mis ojos su belleza, así con voz más dulce y afectuosa, aunque en lenguaje que no era el moderno nuestro, me dijo… (Alighieri, 1992: 722). Dante había encontrado una grata sorpresa entre los espíritus que sostenían la cruz luminosa en donde estaba sujeto Cristo. Luego de que se hiciera el silencio en el cantar de estos espíritus alrededor de la cruz, de su brazo derecho se desprendió una de aquellas luces intensas como la más hermosa de las estrellas y fue acercándose al poeta y a Beatriz ante el asombro del primero.

Al estar frente a ellos, con evidente regocijo le dijo a Dante que él había sido …Aquel de quien tu familia ha tomado el nombre… (Alighieri, 1992: 722). Y ante el pedido del poeta de que le refiriese todo aquello de lo que era Florencia en el tiempo en el que él estuvo como ser vivo en esa tierra, su tatarabuelo llamado Cacciaguida le contó los hechos y costumbres de la Florencia de sus tiempos, regocijándose Dante por lo narrado. Su lejano pariente al ser uno de los espíritus que le daban sustento a la luminosa cruz por donde accederían al quinto cielo, Doré lo ilustra como un ser de luz casi etérea, que se confunde con la nube clara en la cual se posa el espíritu, como claras son las nubes en donde se arremolinan los otros espíritus también tratados con luces que casi se convierten en blancos espacios sin tono ni acabado. Dante y Beatriz dan la espalda a quien admira la ilustración, ya que ven a Cacciaguida en un nivel más alto a ellos, el poeta está en primer plano y con vestuario de tonalidad más oscura que la celestial Beatriz.

 

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Con las alas abiertas estaba delante de mí la bella imágen, que en su dulce éxtasis deleitaba á las almas de que se componía. Cada una de ellas parecía un rubí, en que brillaba la luz del Sol, mas con viveza tanta, como si reflejara en mis propios ojos. Y lo que en este momento voy á describir, ni humana voz lo ha narrado, ni pluma alguna lo ha escrito, ni se ha concebido jamás en la fantasía… (Alighieri, 1992: 745). Así expresaba Dante su asombro ante lo admirado, y no es para menos, un águila en el cielo por completo formada por milicias celestiales de miles de espíritus que irradian luz y que al unirse en esta magnánima ave expresan en una sola voz su canto de adoración al cielo. Y todo sucedía frente a los ojos extasiados del poeta y su acompañante, el águila que resumía en su voz la sabiduría y la experiencia de miles de almas iluminadas, describe a los dos visitantes un resumido panorama de esa parte del cielo, de aquellos que han llegado a formar parte de ella y advierte por aquellos que pese a sus parloteos de cristianos, el cielo siempre les será vedado por sus vidas disolutas.

En la ilustración superior Doré ubica hacia el centro de la composición a Beatriz y a Dante, siempre dando la espalda al observador y admirando el suceso maravilloso formado en el cielo. La escala de los dos protagonistas de esta tercera parte es bastante reducida dando mayor énfasis al paisaje de fondo y en especial a la figura del águila que se forma de seres alados llenos de luz. La noción de estar formada esta aves por infinitas bandadas de ángeles, Doré la resuelve creando una sucesión de nubes claras que se pierden hasta el horizonte.

 

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Cuando el que ilumina todo el mundo desciende de nuestro hemisferio de modo que por todas partes fenece el día, el cielo, que brillaba primero solamente con su luz, resplandece de pronto con otras muchas, aunque una resalta sobre todas. Esto que sucede en el cielo se me representó en la imaginación, cuando el ave, enseña del mundo y de los que en él imperan, cerró su bendito pico; porque reluciendo más aquellas vivas lumbreras, renovaron sus cánticos tan sobrenaturales, que no pude retenerlos en mi memoria… (Alighieri, 1992: 753). El águila guarda silencio y poco a poco los ángeles que la formaban se disgregan y van tomando formas individuales visibles para Dante y para Beatriz, lo que podemos admirar en la ilustración superior de Doré que muestra al poeta y a su amada viendo grupos de ángeles que cantan las bondades del cielo en voces que por su naturaleza celestial escapan de la comprensión cabal de Dante y admite pesaroso que no puede retenerlos en su memoria.

Y como ha sido ya una constante en las ilustraciones de esta tercera parte correspondiente al Paraíso, Dante y Beatriz dan la espalda al espectador de la imagen porque sus miradas se dirigen hacia el cielo, en donde los prodigios se suceden unos a otros y retienen siempre su atención. En la ilustración superior los dos visitantes se hallan en la parte inferior de la mitad izquierda de la composición, casi en silueta, apenas un esbozo de rostros y cabello, de vestuarios oscuros que les destacan del fondo de cielo gris y nubes más claras, dejando la zona iluminada de la imagen en los ángeles y en la claridad que se infiere baja de la parte alta del cielo.

 

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Mientras permanecía yo confuso á causa del ofuscamiento de mi vista, salió de la fulgente llama que la había cegado una voz que llamó mi atención, diciendo: «En tanto que recobras la vista, que de tanto fijarte en mí se ha debilitado, será bien que compenses esta falta razonando ahora conmigo. Comienza pues, y dí a dónde se dirige tu alma, seguro de que tu vista se halla oscurecida, mas no agotada, porque la Beldad que te conduce por esta luminosa región, tiene en su mirada la virtud que se concedió á la mano de Ananías» (Alighieri, 1992: 795). Quien le expresaba a Dante las palabras anteriores, era San Juan Evangelista, y la ceguera temporal del poeta se debía al resplandor que emitía su presencia junto a las figuras de San Pedro y el apóstol Santiago, luminosidad tan intensa que cegó los ojos del poeta.

Dante se hallaba en la octava esfera, o el cielo de las estrellas, los tres apóstoles le hicieron cada quien una pregunta, y en la ilustración superior vemos al poeta de rodillas ante sus figuras escuchando respetuosamente a San Juan Evangelista antes de responderle la suya, referida a la caridad. Si bien es cierto hay cinco personajes mirando hacia Dante y Beatriz, en la obra sólo de identifican a los ya referidos apóstoles, cada uno con su aureola, a la izquierda San Pedro, al centro San Juan y a la derecha Santiago. Doré ilumina en su ilustración estas tres figuras, ello las destaca del cielo gris oscuro y de las dos figuras detrás de ellas, el poeta y su amada tienen tonalidades más oscuras que ellos, siendo la vestimenta de Dante el tono más fuerte, como para reforzar su presencia e indicar que sigue siendo cuerpo de carne y hueso ya que es el único que proyecta sombra.

 

88 Ficha

 

…Y aquel círculo estaba rodeado por otro, y éste por un tercero, y el tercero después por el cuarto, como el cuarto por el quinto, y éste último por el sexto. Trazábase encima el séptimo, de tal manera anchuroso, que áun estando completa en su redondez la mensajera de Juno, no bastaría a abarcarlo. Lo propio sucedia con el octavo y el noveno, sino que cada se movía más lento según que se hallaba á mayor distancia del primero…  (Alighieri, 1992: 814). Así describía Dante a grandes rasgos el portento formado frente a sus ojos, el que admiraba con su amada Beatriz a su lado. Ella explica al poeta el intrincado funcionar de estos nueve círculos del cielo y la ilustración de Doré retrata el momento en el que luego de estas palabras Dante se queda pensativo y se hace un silencio entre los dos en tanto admiran la maravilla frente a sus ojos.

Doré decide en la ilustración un tono oscuro para el cielo, lo que hace resaltar la luminosidad de los círculos que forman legiones de ángeles que irradian resplandores que sumados le dan tanta claridad a los círculos así sean sus virtudes, entre mayor claridad, mayor suma de bienes y virtudes, según le explicaba Beatriz al poeta. Como las dos figuras admiran siempre al cielo, nuevamente le dan la espalda al espectador y es un hilo de luz del resplandor del cielo lo que destaca su presencia del cielo más oscuro. Doré las ubica en el extremo inferior derecho de la composición, el mayor espacio en la ilustración lo ocupan las bandas del cielo formadas por infinitas figuras aladas, las cuales el artista define con mayor claridad las más cercanas de la banda exterior, haciendo más pequeñas y difusas las que componen los círculos restantes según se alejen del espectador.

 

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Habian ya abarcado mis miradas la forma general del Paraíso, mas no fijádose en parte alguna, y volvíme con nuevo afan a mi Señora preguntas que traian embargada mi imaginacion; pero una cosa pensaba, y acaeció otra muy distinta: creia ver á Beatriz, y hallé en su lugar á un anciano vestido como aquellos gloriosos moradores. Bañaba un benigno júbilo sus ojos y mejillas, y su expresión era tan afable cual conviene á un padre cariñoso.–¿Dónde está Beatriz?–pregunté al punto.– Para satisfacer tu deseo, replicó, me ha sacado de mi asiento; y si miras al tercer circulo del grado superior la verás ocupando el trono que por sus méritos le corresponde (Alighieri, 1992: 837). San Bernardo era el venerable anciano que aclaraba las dudas de Dante ante la ausencia de Beatriz, quien ya en el Paraíso había ocupado el alto sitio que le correspondía.

Doré ubica a Beatriz en el justo centro de la ilustración superior, entronizada en su asiento de honor en el tercer círculo del grado superior del Paraíso. Su cabello lleva una corona y sus manos se juntan frente a ella como si quisieran iniciar una oración. Detrás de ella una multitud de infinitos querubines ocupan el espacio de toda la mitad superior de la ilustración, rodeándole en círculos concéntricos a su derredor, al frente de Beatriz se hallan ángeles que le admiran extasiados en su belleza …una belleza cuyos ojos comunicaban alegría á todos los demás santos… (Alighieri, 1992: 841). Tanto los querubines, las nubes y los ángeles frente a ella están dispuestos para llevar la vista del espectador a la figura central de la ilustración, la amada Beatriz tan admirada por el poeta.

 

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Palabras finales

..¡Oh! ¡cuán insuficiente es mi lenguaje, y cuán débil para expresar mi concepto! Tan lejos de lo que ví está lo que digo, que prefiero no decir nada, á decir poco (Alighieri, 1992: 853). Así se expresaba apesarado el poeta ante la limitada capacidad del lenguaje humano para expresar todo aquello que él había visto en su épico transito por el mundo inmaterial. Era el canto decimotercero y el último de la tercera parte que corresponde al Paraíso, Dante había presenciado la luz eterna, a sus ojos humanos les había sido dado el privilegio de admirar la visión de Dios, imagen tan deslumbrante que ofuscado el poeta concluye por ello esa visión y su relato también. Una obra que es fiel reflejo de sus creencias y que bien podría decirse ha marcado la concepción de infierno, purgatorio o paraíso que tiene la humanidad del mundo moderno, una historia marcada por la fe del poeta florentino en el mundo inmaterial y su capacidad para influir en las sociedades para encontrar su mejor versión. En el octavo cielo, ante la interrogante de San Pedro sobre qué consideraba él significaba la fe, un inspirado Dante le respondía: …Fe es la sustancia de las cosas que se esperan, y el argumento de las que no se ven; y esta me parece ser su esencia (Alighieri, 1992: 785).

Y la fe en el juicio de la posteridad hizo que Dante creyese en la perpetuidad de su obra, así lo dejó escrito en el canto vigésimo quinto:

Si alguna vez acontece que este sagrado poema en que han puesto mano cielo y tierra, tanto que ha consumido mi cuerpo algunos años, vence la crueldad con que se me aleja del dulce redil en que dormía yo como cordero enemigo de los lobos que le mueven guerra, volveré con otra voz y con otro nombre hecho ya poeta, y ceñirle el lauro junto á la fuente en que recibí el bautismo… (Alighieri, 1992: 789).

Proféticas palabras las del poeta: …volveré con otra voz y con otro nombre… quizá pudo imaginar que casi medio milenio después de su tiempo, la edición ilustrada por Doré le daría a la La divina comedia otra dimensión, regresó Dante con otro nombre cuando en 1861 aparece publicada su obra ilustrada por Gustave Doré.

La versión de La divina comedia utilizada de base para esta muestra virtual concluye advirtiendo que se han omitido muchas notas aclaratorias para no distraer tanto al lector y que dirija toda su atención a la obra en sí, la que es compleja y en la que siempre debemos tener presente que ha sido escrita siete siglos atrás. Y si ha sido difícil su traducción a lo largo de tantos siglos, también lo ha sido el referirse al escrito y a la parte ilustrada por Doré en este siglo XXI. Por ello para concluir también las presentes páginas quisiéramos citar el último párrafo de ese texto traducido por Cayetano Rosell y explicado en una nota a pie de página, ya que expresa la misma intención y dificultades nuestras y las describe de mejor manera: De lo que sí nos confesamos responsables, es de los descuidos en que hayamos incurrido á veces por poco detenimiento, y áun por causas independientes de nuestra voluntad, seguros, si no de merecer, de conseguir al ménos, la indulgencia que sinceramente solicitamos (Rosell, 1992: 854).

Tegucigalpa, Ciudad Universitaria José Trinidad Reyes. Lunes 13 de diciembre del año 2021.


Bibliografía

Alighieri, D. (1992). La divina comedia. Barcelona: OCEANO Grupo Editorial.

Romero Apis, J. E. (2021). Edad Media de alta tecnología. En diario Excelsior. Viernes 3 de diciembre de 2021. Año CV. Tomo VI. No. 38,075. Ciudad de México: GIM Compañía Editorial, S.A. de C.V. p. 14.

Rosell, C. (1992). Nota. En Alighieri, D. (1992). La divina comedia. Barcelona: OCEANO Grupo Editorial. p. 854.

 

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