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Rina Villars publicó en el año 2001 uno de los libros clave para conocer y estudiar la historia de la mujer en Honduras: Para la casa más que para el mundo: Sufragismo y Feminismo en la Historia de Honduras. En este fundamental libro refiere que

La Federación de Asociaciones Femeninas de Honduras, una vez obtenida su personería jurídica, presentó al Congreso Nacional una petición para obtener los derechos políticos de la mujer. La petición fue acuerpada por un grupo de diputados quienes, en febrero de 1952, introdujeron en la Cámara una moción para que se les otorgara el derecho al voto a las “mujeres mayores de veintiún años que tengan título profesional” (desde secretarías mecanógrafas hasta profesionales universitarias). La moción fue también desechada en su último debate, realizado el 13 de enero de 1953 (Villars, 2001, p. 336).

Claro que esta petición no fue la única al Congreso Nacional presentada. Ese mismo 1952 el Frente Femenil Pro-Legalidad presentó argumentos en un tono mayor -no olvidemos que mujeres del temple de Visitación Padilla dirigían esta organización-, y categóricas expresaban que:

Venimos respetuosas, pero animadas de la mayor entereza y conciencia de justicia que nos asiste, a exigir que se nos abra, dentro del marco de la carta Política de la Nación, el sitio que nos corresponde y a que se nos facilite el ejercicio íntegro de los derechos que hasta la fecha nos son negados… Venimos a demandar el reconocimiento de un patrimonio jurídico, ético, social, moral y político que nos ha correspondido y corresponde como seres humanos y que durante milenios nos han negado los hombres… (Frente Femenil Pro-Legalidad, 2001, citadas en Villars, 2001, p. 337).

Marta Raudales Caballo

Marta Raudales camino a Minas de Oro en abril de 1950. Imagen de Foto estudio Brema, copia en papel fotográfico blanco y negro, 9.4 x 9.4 cm

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Palabras finales

Esa década de los cincuenta del pasado siglo XX hondureño fue un parteaguas en la consolidación de los derechos de la mujer en nuestra nación. Y la conformación de las organizaciones antes reseñadas y en las cuales Marta Raudales fue pieza clave para su creación, es sin duda lo que las luchas feministas por sus derechos necesitaban para finalmente alcanzarlos. Es una época que tiene mucho qué decir, y que nuestra bibliografía ha descuidado pues sus acciones repercutieron en lo que restaba del siglo XX e incluso en el presente siglo XXI. Y para muestra, el 29 de agosto de 1950, una joven joven Leticia de Oyuela de apenas 17 años le escribió a la doctora Raudales una carta en dónde le preguntaba cuál creía que era el porvenir de la mujer hondureña, a lo que nuestra interlocutora respondía: «La lucha de la mujer hondureña por un porvenir mejor es grande, si se quiere algún día llegar a figurar al lado del hombre en todas las faenas de la vida.– Todo el porvenir que espera a la mujer depende de ella, si es brillante o sombrío, tiene que prepararse, aumentar su cultura para que pueda despertar en las ciencias, en las artes, en la literatura y hasta en la política». El futuro brillante que tendría Leticia de Oyuela confirma lo hondo que caló esta afirmación de la doctora Raudales en la mente de la joven de diecisiete años que se convertiría décadas después en la mayor referente de la historia del arte nacional.

Carta Leticia

Carta de Irma Leticia Silva y María Esther Ferrufino a Marta Raudales Alvarado, 29 de agosto de 1950. Copia en papel aéreo 21.5 x 28 cm, cuatro hojas mecanografiadas con textos solo en el anverso. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras

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Marta Raudales Alvarado falleció en la ciudad de Tegucigalpa el 10 de marzo del año 2015, y su legado va más allá de ese triunfo histórico para la mujer en Honduras de haber alcanzado su título de doctora en medicina y cirugía en tiempos en los cuales los espacios universitarios eran -según la norma social de la época- exclusivos para el hombre y su formación. Para la sociedad patriarcal de su tiempo, la mujer debía estar en su hogar, cocinando, cuidando hijos o preparándose para ser una buena esposa, era casi inconcebible pensar en que deseaban estudiar y llegar a ser profesionales en distintas áreas. La doctora Raudales y decididas mujeres contemporáneas a ella decidieron romper los moldes arcaicos y ser parte importante del desarrollo social, viendo a la familia como responsabilidad de todos y no tarea exclusiva de la mujer en tanto el hombre trabaja, estudia y crece intelectual y económicamente. La sociedad hondureña en general y en especial nuestra universidad, tienen una inmensa deuda con figuras como Marta Raudales Alvarado, su vida y su obra son ejemplo de una profunda entrega a su familia, a la sociedad en donde les tocó vivir y a su nación, su legado sigue vigente y sus triunfos y luchas siguen permitiendo el triunfo de muchas mujeres y hombres del presente.

Familia Midence-Raudales

Una fotografía de la familia Midence-Raudales, de izquierda a derecha vemos a René, Marta Raudales (madre). Patricia, Alfredo C. Midence (padre), Marta, Sagrario (sobrina) y Gerardo, hacia el centro aparece Mario (el hijo menor) abrazado por su padre. Autor desconocido, copia en papel fotográfico blanco y negro, 14.7 x 10 cm

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Referencias bibliográficas

Anoche fue Elegido el Consejo Ejecutivo de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas. (1951). Diario El Día, jueves 22 de febrero de 1951, Año III, No. 808. Tegucigalpa: Imprenta El Día. pp. 1 y 7.

Honroso Nombramiento Para Una Joven Doctora Hondureña. (1947). Recorte de periódico nacional sin mayores datos. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Irma Leticia Silva y María Esther Ferrufino, carta a Marta Raudales Alvarado, 29 de agosto de 1950. Copia en papel aéreo 21.5 x 28 cm, cuatro hojas mecanografiadas con textos solo en el anverso. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Midence, M. (1955). La Mujer en la Universidad de Honduras. En boletín 24 de Enero, número único. Comayagüela: Asociación de Mujeres Universitarias de Honduras. pp. 9-10.

Ochoa Velásquez, A. (1947, noviembre). Esquela de despedida. Recorte de periódico nacional sin mayores datos. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Quedó organizada el sábado anterior la Asociación de Mujeres Universitarias. (1950). Diario El Día, miércoles 1 de marzo de 1950, Año II, No. 519. Tegucigalpa: Imprenta El Día. pp. 1 y 6.

Raudales Alvarado, M. (1941, junio). La escuela de Malcotal. Original mecanografiado, dos hojas de papel bond, 21.6 x 28 cm, anverso escrito, reverso en blanco. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Raudales Alvarado, M. (1941). Un Banquete Conmemorativo. En Revista del Instituto Normal de Señoritas, 31 de agosto de 1941. Comayagüela: Instituto Normal de Señoritas.

Toma de posesión de la primera Junta Directiva de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas. (1951). Diario Comercial, lunes 5 de marzo de 1951, No. 5691. San Pedro Sula: Imprenta XOXO. pp. 1 y 7.

Villars, R. (2001). Para la casa más que para el mundo: Sufragismo y Feminismo en la Historia de Honduras. Tegucigalpa: Editorial Guaymuras.

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