Linea Mujeres de arena 7

Un aldabonazo a la conciencia para despertar

la humanidad de la indiferencia y la ceguera

 

 

Dra. Xiomara Bu Aguilar
Poeta y Docente de la Carrera de Filosofía de la UNAH
Coordinadora del Foro Nacional del SIDA

 

 

 

Bajo la provocación y el reto a que nos invita el maestro Gustavo Armijo, la serie de imágenes concatenadas representa el fenómeno de la violencia contra las mujeres y las niñas en el presente siglo; un fenómeno universal, que afecta a todas las culturas del mundo, y por consiguiente, a todas las sociedades. En nuestro entorno socio cultural, dicha violencia se ha instalado y se acrecienta día a día a pesar de los esfuerzos de los movimientos de mujeres y sus acciones de incidencia y denuncia. La violencia en nuestro país, tiende a ser una violencia polifacética, ejercida de múltiples formas, con diferentes expresiones, pero en su raíz derivada de las relaciones de género en planos de desigualdad, construidas en el proceso de socialización.

A la fecha la más grave expresión de la violencia basada en género se manifiesta en las muertes violentas que sufren las mujeres, sin distinción alguna, simplemente por ser mujeres. Considerándose que en la figura del femicidio está la forma de violencia extrema, que se ensaña en los cuerpos de las mujeres hasta causar su muerte. Ante esta presencia de violencia extrema que está sucediendo, hay que aunar esfuerzos para desnaturalizarla y visibilizarla, implicando alzar la voz ante dicha situación a fin de contrarrestar su impacto, reconociendo las brechas que persisten y aquellas que orillan a las mujeres a limitarse en sus luchas o a la perdida de sus vidas. Las desigualdades de género subsisten y de igual manera la ideología imperante en la sociedad: el patriarcado, que pretende establecer y mantener una posición de subordinación de lo femenino a lo masculino, de modo que el ejercicio de la violencia por parte de los hombres sobre las mujeres, es una estrategia para preservar la supremacía masculina.

La obra del maestro Armijo, titulada “Mujeres de Arena”, desde su título nos convoca a escudriñar detrás de la metáfora de la “Arena” su significación y lo que simboliza la arena, bajo los atributos o caracterizaciones de esta última; como ser la insustancialidad, la fragmentación, la dispersión, falta de cohesión y consistencia y porque no decirlo de permanencia, pues basta una ráfaga de viento para dispersar la arena sin horizonte alguno.

Naturaleza inanimada, al fin y al cabo, pero con la consecuencia que la metáfora liga con el asocio que se ha realizado históricamente entre las mujeres y la naturaleza. Ya esa dicotomía entre naturaleza y cultura sigue persistiendo en el imaginario y simbolismo de una sociedad patriarcal, en la mirada cultural y en la definición de roles que ubica a las mujeres, en un estado de subordinación, de enajenación de su ser bajo el dominio del opresor que simboliza el poder, la concreción, la fuerza. De esa manera el fluir visual de las imágenes que nos presenta el maestro Armijo, refleja la caída de los cuerpos de las mujeres, su desnudez, su abandono, sus miradas o ausencia de estas, a diferencia de la fuerza que las aniquila y cuya mirada penetra en cada escena, aunque esta esté antropomorfizada en los animales voraces y depredadores que aparecen en las diferentes escenas de su obra.  

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 A semejanza de las imágenes atroces de Ciudad Juárez, las que se convirtieron en el centro de la reflexión feminista, el realismo de estas es desgarrador, provocan y sacan del mutismo y la mirada individual, son un aldabonazo a la conciencia, sobre todo cuando la vida misma, de las mujeres madres, hermanas, hijas  en nuestra propia Patria se desvaloriza, se lesiona la dignidad y desde un enfoque ético pone de manifiesto la deshumanización y la bestialidad en que se dan las muertes de mujeres en nuestro entorno social. Muertes violentas que se realizan con actos violentos, tortura, desmembramientos y encastillamientos en los cuerpos de mujeres, niñas y adolescentes.

En cada imagen visualizamos una ventana que permite ir más allá del mero contacto visual, pues adviene una transgresión sutil para poder encontrar la relación entre la representación, el simbolismo y el significado, partiendo del reconocimiento del fenómeno y su correspondencia con lo que acaece cotidianamente, muchas veces sucesos de femicidios que tienden a justificarse o a ignorarse.

Las imágenes son fuertes, pero pueden ser leídas, interrogadas, interpretadas bajo la mirada y observación sensible que no puede quedar impávida ante la crueldad, el dolor, la enajenación, su no utilidad, su no ser, su no yo, el silencio, y la gama de interrogantes que advienen a la conciencia, pues en ese sometimiento el silencio no deja escapar la voz. El realismo de cada escena es crucial, así como la transfiguración de las imágenes que se desdoblan en la antropomorfización de los animales depredadores y carroñeros, que caracterizan al hombre opresor y asesino a la vez. Así vemos la presencia de los lobos solos, en manada, las ratas, los buitres al acecho, saboreando la sangre de las víctimas, despedazándolas para luego meterlas en los costales.   

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El Femicida no sólo se asesina el cuerpo de las mujeres sino también la construcción cultural, por lo tanto, el -femicidio traslada la violencia basada en la inequidad de género del ámbito privado al público, la violencia ya no es un tema del ámbito privado. Los actos de violencia contra la mujer, en el contexto de la violencia de género, no son únicamente actos individuales, en si son actos que sobrevienen e inciden por el enlace de la desigualdad de género, creando subordinación femenina de manera sistemática.

Otro aspecto importante que podemos observar en el despliegue de imágenes es la mirada de los cuerpos de las mujeres, más allá de la posición en que se encuentran, está presente la violencia sexual y psicológica, sus rostros, la negación de sus miradas, la expresión de dolor, aun cuando se hace un nudo en las muestras seriales, donde las imágenes de las mujeres aparecen atadas, encadenadas, humilladas, o bien expresan resignación, o bien la unión en sororidad para librar la lucha juntas a expensas de morir en el intento.

No menos relevante es el marco de las escenas y la colocación de las imágenes, el simbolismo de la luna, los tejidos, las miradas difusas, ajenas o fijas. La transfiguración de cuerpos sobrepuestos, los matices claro-oscuros, el alumbramiento inverso en la maternidad, la posición de las manos, la rigidez de los cuerpos, el abandono como desechos. El reto a la conciencia crítica, se da en el dispositivo a la base de cada una de las imágenes, donde la percepción e intuición del creador, no ignora la urgencia de visibilizar la problemática, muchas veces silenciada sobre todo cuando pone en apuros la responsabilidad estatal de brindar seguridad y promover los derechos humanos dignificando la vida de las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres.

La obra tiene esa fuerza capaz de traspasar lo visual e ir a la textualidad del discurso liberador, del discurso de la denuncia, así como idear estrategias para alejar de la escena real, la naturalización de las muertes violentas contras las mujeres y las niñas. De manera reiterativa la obra del maestro Armijo no esta pensada para la contemplación estética. La obra porta un fuerte compromiso social y humanista tan necesitado en nuestro contexto social, donde la indiferencia y la impunidad están presentes, y donde no falta el mundo de la sospecha para condenar a las mujeres, aunque ya estén muertas pues a pesar de que en los cuerpos de esas mujeres se ha inscrito la atrocidad, el abuso la violencia sexual, hay voces en la sociedad que las culpabiliza.

El camino esta abierto para la apropiación de esta obra, posiblemente este atrevimiento se complemente y supere con la mirada de otras personas sensibles y conscientes sobre lo que gran acierto y realismo el maestro Armijo nos enfrenta. No me queda más que reiterar mi agradecimiento y felicitación por su trabajo.

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Mujeres de arena

 

Gilda Rivera Sierra
Coordinadora Ejecutiva CDM

 

 

Estas palabras están motivadas por la inauguración de la exposición MUJERES DE ARENA del artista Gustavo Armijo, quien, a través de 23 obras de arte, aborda la problemática de violencia contra las mujeres. Agradezco al Centro de Arte y Cultura de la UNAH por la oportunidad de apreciar la calidad artística de Gustavo Armijo; y por el espacio para expresar algunas palabras sobre esta problemática tan sensible y dolorosa como son las violencias contra las mujeres.

Veintitrés pinturas que nos muestran la crudeza y lo grotesco de las violencias que cotidianamente vivimos las mujeres en nuestras sociedades, pero descubrir también, en medio de ellas, muchos símbolos y signos de esperanza, de amor, de solidaridad y sororidad, como decimos las feministas y, además, abrir la posibilidad de cambiar la vida para bien de todas.

Estamos en medio de una de las peores crisis de la historia contemporánea de Honduras y no solo por la pandemia COVID-19 y por los huracanes que nos han golpeado muy duro, sino porque desde hace varios años venimos arrastrando un déficit de derechos muy alarmante. Uno de esos déficits es la deuda histórica del Estado de Honduras con las mujeres, especialmente con su derecho a una vida libre de todo tipo de violencias.

Aunque esta violencia machista no distingue condición económica, edad o nivel educativo, los datos evidencian que las principales víctimas son mujeres empobrecidas, con pocos estudios formales, desempleadas o con empleos precarios, muchas de ellas madres solteras con varias hijas/os. Son múltiples las expresiones de violencia contra las mujeres: doméstica, sexual, muerte violenta, trata con fines de explotación sexual, violencia laboral, política, acoso en las calles, en los centros de trabajo, en las organizaciones sociales, comunitarias, en las iglesias, en fin, una larga lista de violencias; la mayoría de ellas no denunciadas por muchas razones, la mayoría de ellas vividas en silencio por las víctimas, la mayoría de ellas en total impunidad.

Nuestro país, aunque con avances formales y de reconocimiento de las violencias contra las mujeres, sigue estando al inicio de la lista de los países en los cuales las mujeres son asesinadas brutalmente por el hecho de ser mujeres. Si bien las violaciones de los derechos humanos afectan tanto a los hombres como las mujeres, en éstas, las violencias se naturalizan y la sociedad las reproduce y estimula. El factor de riesgo o vulnerabilidad es ser mujer.

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El IUDPAS[1] nos dice que entre enero a noviembre del año 2020, en medio de toques de queda y de restricciones a la circulación por la Covid-19, cada 27 horas con 10 minutos una mujer murió de manera homicida en nuestro país[2]

En los primeros dos meses del año 2021, esas 27 horas con 10 minutos se redujo a 17 horas con 36 minutos, según datos de la prensa nacional procesados por el Observatorio de DDHH de las mujeres del CDM[3]. Los índices de violencia sexual son de los más altos de la región[4]. Una de las consecuencias más graves de la violencia sexual en las niñas y adolescentes es el embarazo precoz, por lo que el país ocupa el segundo lugar con la tasa de embarazo adolescente más alta en América Latina[5].

Es gracias a las acciones, el compromiso y la necedad de las organizaciones de mujeres y feministas del país, a lo largo de muchos años, que hoy contamos con algunos avances formales[6] y algunos niveles de sensibilidad y compromiso con la atención a esta problemática. Esta muestra de arte es un ejemplo de ello. Pero nos queda mucho por hacer. Como movimiento de mujeres vemos con mucha preocupación como los avances alcanzados están siempre en riesgo de retroceso, vemos el incremento de las brechas entre los avances formales o sea la letra escrita y la realidad.


[1] Siglas del Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad. UNAH

[2] En ese período 295 mujeres fueron asesinadas. El 53.2% de las asesinadas tenía entre 30 a 59 años de edad, mientras que 31.5% de las asesinadas eran mujeres jóvenes de 18 a 29 años. file:///C:/Users/Lenovo/Downloads/BEP85MVMujeresYFemicidios8Marzo2021.pdf

[3] Entre el 1 de enero y 6 de marzo 2021, el Observatorio de derechos de las mujeres del CDM documentó la muerte violenta de al menos 63 mujeres, 63% causadas por armas de fuego a manos de hombres.

[4] Medicina Forense reportó 1476 delitos sexuales contra mujeres entre enero-octubre del año 2020, en los que las víctimas fueron mujeres de todas las edades, pero principalmente entre los 10 y 19 años, 178 niñas entre 0-9 años.

[5] Tasa de fecundidad entre adolescentes de 101 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años. Fondo de Población de las Naciones Unidas. Informe de la Población Mundial 2019, (2019).

[6] Ejemplos, Ley contra la Violencia Doméstica, aprobada en el año 1997 y que entró en vigencia 1998 y sus reformas en 2005; Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer del año 2000; el tipo penal de femicidio aprobado en el 2013; un Instituto Nacional de la Mujer como mecanismo rector de políticas públicas; reformas a la ley electoral y de las organizaciones políticas que ha significado que hoy en día se deba garantizar un 50% de mujeres como candidatas en las planillas para las elecciones primarias y generales, entre otros avances importantes a nivel formal.

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