Mujeres insignes en la historia de Honduras

Marta Raudales Alvarado: una extraordinaria cátedra de constancia y determinación

Por Paúl Martínez. Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Fototeca Nacional Universitaria.


 

Resumen

El presente escrito es un sucinto y sentido homenaje a quien fue en el año 1947 la primera mujer egresada como doctora en medicina y cirugía en la entonces Universidad Central de Honduras, enorme logro que significó para muchas mujeres un ejemplo a seguir y allanó el camino para que otras tomaran la decisión de estudiar carreras universitarias que se consideraban en su tiempo exclusivas para hombres. A través de fotografías, manuscritos y publicaciones, trataremos de resumir en apretadas líneas toda una vida dedicada al servicio de su sociedad y en especial a la superación y trato igualitario de la mujer hondureña, anhelo y sueño alcanzados cuando se logra la emisión del decreto ley del 24 de enero de 1955 que concede a la mujer el goce de los derechos ciudadanos, conquista lograda por el trabajo permanente de mujeres que como Marta Raudales Alvarado son muestras extraordinarias de constancia y determinación

Palabras clave

Historia universitaria, feminismo en Honduras, derechos de la mujer, siglo XX

Introducción

Marta Irma Raudales Alvarado nació en la ciudad de Comayagüela el 9 de abril del año 1921, en donde creció con sus padres Luis Amilcar Raudales y María Cleotilde Alvarado junto a tres hermanos: Sonia, Aníbal y Asdrubal, vivió en un hogar cuyos padres supieron inculcarles desde pequeños entrega y pasión hacia todo lo que emprendían, y la decisión de Marta Raudales de estudiar una carrera universitaria hacia la primera mitad del siglo XX hondureño es una muestra de ello.

Graduación 1937

Graduación del año 1937 de la Escuela Normal de Señoritas. Marta Raudales puede verse en la cuarta fila, la tercera niña de derecha a izquierda. Imagen de Foto estudio Brema, copia en papel fotográfico blanco y negro, 24 x 17.4 cm

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Marta Raudales se graduó en la Escuela Normal de Señoritas en el año 1937. Su compromiso y dedicación siempre fue evidente desde esos primeros años, sobre ello encontramos una invitación girada por el Comité pro-Niño Pobre del Instituto Normal Martínez Fuentes para participar en un evento de recaudación de fondos fechada el 16 de diciembre de 1938 y ella firmaba como presidenta y Lesbia E. Andino como secretaria, su vocación de servir a la sociedad era ya evidente. A la futura doctora le tocó sobresalir en una sociedad hondureña que en ese entonces seguía siendo eminentemente conservadora, en donde el poder político lo detentaba el Partido Nacional con su cabeza visible Tiburcio Carías Andino (1876-1969) quien se entronizó en el poder desde el año 1932 -Marta Raudales se graduaría de la universidad en 1947 y él aún seguía en la silla presidencial-. Ella, como buena parte de los estudiantes universitarios le adversaban y eran sus permanentes críticos a través de volantes, panfletos y publicaciones satíricas -como El tornillo sin fin, en el cual ella fue una activa colaboradora-. Entre sus documentos personales, podemos encontrar originales de ediciones de esta publicación satírica, algunos manuscritos y otros mecanografiados en donde se expone al general Carías y a su círculo cercano de funcionarios y colaboradores como representantes de una dictadura corrupta y represiva.

Revista de la Universidad

Manuscrito para El tornillo sin fin

Manuscrito de puño y letra de Marta Raudales Alvarado de un número de El tornillo sin fin, que si bien no detalla fecha, indica que es el Año I y número 5. En una de sus partes puede leerse «Carías dictador: 12 años en la presidencia» lo que nos hace inferir que es del año 1944. Copia en papel oficio 21 x 33 cm (cerrado), cuatro caras escritas con lápiz tinta anverso y reverso. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

La futura doctora Raudales inició desde sus primeros años de estudio una práctica que le acompañó a todo lo largo de su vida profesional: la escritura. En la revista del Instituto Normal de Señoritas del 31 de agosto de 1941 publicó en la página 7 un escrito titulado Un Banquete Conmemorativo, una reflexión llena de términos médicos para describir el paso de los alimentos por el cuerpo humano y que al ir leyendo nos enseña la pasión estudiantil por el tema en estudio mezclado con una cierta moraleja hacia el comportamiento humano, como lo podemos inferir al leer el siguiente párrafo:

Mientras se celebra este banquete, una tragedia se estaba verificando del otro lado del Puente de Varolio, La Cinta de Reil que tiene una enemistad con las Astas Posteriores de la Médula se baten a duelo resultando decapitadas éstas últimas, el Fascículo Piramidal Cruzado y las Astas Anteriores de la Médula que actúan como testigos también terminan peleando, y como consecuencia éstas también son decapitadas. Ambas cabezas son colgadas del Árbol de la Vida (Raudales Alvarado, 1941, p. 7).

En esta misma revista podemos encontrar varios aportes que Marta Raudales publicó y que dejan entrever la calidad de la futura médico y talentosa ensayista. Entre sus documentos encontramos la transcripción de un escrito firmado en el mes de junio de 1941 e indicado como publicado en la revista del Instituto Normal de Señoritas, leamos un fragmento de él: «La escuela está en medio de grandes serranías y en lo alto de una pequeña colina rodeada de grandes bosques de pino; el clima es delicioso, pues está situada a 4.000 metros sobre el nivel del mar, y dista media legua del pueblo de Minas de Oro y dos leguas del pueblo de Esquías en el departamento de Comayagua» (Raudales Alvarado, junio 1941, p. 1). Una joven normalista de 20 años escribía ya con un florido lenguaje y correcta sintaxis, no es extraño entonces que a lo largo de su vida profesional dejara sendos escritos que nos muestran sus ideas y su forma de ver y entender el mundo en donde le tocó vivir.

El 4 de julio de 1944 un grupo de estudiantes universitarios presentaron una carta pública dirigida al mandatario Tiburcio Carías Andino en donde le manifestaban distintos puntos en desacuerdo con su administración y de manera resumida lo conminaban a dejar el poder. Años después -en 1947-, esta carta fue reproducida por la Acción Cívica Estudiantil Hondureña en un folleto mimeografiado, y en su página 3 podemos leer:

En tal sentido, única y exclusivamente está en sus manos, el impedir mayores e incalculables sacrificios al pueblo hondureño. Usted puede y debe hacer cesar el viacrucis del pueblo. Si usted ignora lo que encierra nuestra petición, nosotros se lo planteamos en voz alta y serena: DEJE EL PODER.

Deje el poder señor Presidente, porque su gobierno es inconstitucional e impopular. Déjelo por el bien de los hondureños, de la Democracia, de la Civilización y de la Justicia.

La carta pública fue firmada por 187 estudiantes universitarios, 181 varones y apenas 6 mujeres: Alicia Andino, Marta Raudales, Olga Marina Reyes, Olga Duarte, Eva Mannheim y Carlota Vásquez. Imaginemos por un momento la vida estudiantil de estas mujeres que además de vencer los obstáculos diarios a ellas impuestos por una sociedad conservadora y patriarcal, expresaban con diáfana claridad su lucha contra la dictadura de Carías, una de las más largas y represivas de nuestra historia del siglo XX. Seis mujeres entre un grupo de casi dos centenas de hombres en una carta pública cuestionando el poder omnímodo del Estado, siendo la entonces llamada Universidad Central de Honduras una institución estatal dependiente de la administración gubernamental y por lo tanto supeditada a sus ordenes e instrucciones -recordemos que es hasta 1957 que la universidad conquista su autonomía, y por lo tanto su independencia del control estatal-. Llamaban la atención por ser mujeres en un mundo de hombres y ser liberales en una nación conservadora, lo que refleja su valía y su alto compromiso social.

Grupo 1941

No debió haber sido sencillo para la mujer hondureña abrirse espacios largamente negados, en esta fotografía de agosto de 1941 vemos a Marta Raudales como la única mujer del grupo de estudiantes cursando medicina en la entonces Universidad Central de Honduras. Autor desconocido, copia en papel fotográfico blanco y negro

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¿Quién le ha dicho a Ud. que va a ser médico?

Marta Raudales ha narrado en distintos escritos y entrevistas que esa fue la pregunta-sentencia que le expresó quien era director en 1946 del hospital general San Felipe, pero siempre educada y cortés, omite mencionar su nombre cada vez que refiere este penoso incidente de su vida estudiantil. A tan cavernaria pregunta fue ella misma quien buscó fuerzas para responderla, y para agosto de 1947 presentó como bachiller su tesis titulada: Pelvimetría de la Mujer Hondureña Desde el Punto de Vista Estadístico, ante el rector Tomas Alonzo B., el secretario Cecilio Colindres y por parte de la Facultad de Medicina, Cirugía y Dentistería, ante el decano Romualdo B. Zepeda y el secretario Manuel Cáceres Vijil. Previo a la presentación de la tesis, su examen general privado fue practicado por los doctores Abelardo Pineda Ugarte, Marcial Cáceres Vijil y Mario Díaz Quintanilla.

No imaginamos las vicisitudes diarias que debió vencer para alcanzar su título. En una entrevista a ella realizada en 1975 lacónicamente expresó «Yo no pude hacer mi internado en el hospital, e incluso, me fue negado un trabajo en Salud Pública, todo por ser mujer. Fuí tremendamente discriminada por razones de sexo y sin embargo ya usted me ve» (Raudales Alvarado, 1975, citada en ¿Quién le ha dicho a Ud. que va a ser médico? Y Martha Raudales rompió con el ancestral mito, 1975, p. 3). Párrafos adelante, continua recordando el triunfo que significó su graduación:

He tenido muchos sinsabores para llegar a esto, pero son más las satisfacciones. Lo cierto es que me siento feliz, muy feliz desde el momento en que recibí mi título y pude exclamar: “¡He ganado la batalla!”, no importándome más que no se me haya querido dejar hacer aquí mi servicio social, ni mi internado, ni que se me hayan cedido becas, pues como pude viajé a Panamá y en el hospital Materno Infantil de allá hice lo que en mi país me fue vedado. Regresé porque estimé necesario trabajar en mi tierra, donde tanto se necesitaban y se necesitan médicos…

Tesis Marta Raudales

Pelvimetría de la Mujer Hondureña Desde el Punto de Vista Estadístico. (1947). Portada de la tesis leída por la bachillera Marta Raudales Alvarado en el acto previo a su investidura de Doctora en Medicina y Cirugía. 20.5 x 27.4 cm (documento cerrado). Treinta y tres hojas en papel bond base 20 transcritas en máquina de escribir. Encuadernación engrapada con portada en cartulina amarilla. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras

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Logrado este impensable triunfo -ya que para su época parecía irrealizable para una mujer alcanzar un título universitario-, la joven doctora Raudales encontró bajo otros cielos las oportunidades en su patria a ella negadas. Un recorte de la nota publicada en un diario nacional nos comparte las palabras de elogio a ella expresadas por otra mujer insigne de nuestra historia: Angela Ochoa Velásquez. Por su trascendencia -por quien las escribe y a quien van dirigidas-, hacemos la transcripción íntegra de ellas:

 

En su reciente vuelo a Panamá.

Esquela de despedida

A la Doctora Marta Raudales Alvarado

Por entre los blancos pañuelos que se agitaron al despedirte, una luz celeste, la luz de la esperanza, brilló en los ojos de los que te aman con ternura sin par.

El porvenir te lleva a tierra extraña, con el caudal inmenso de tu sed de triunfar.

El avión que te lleva se ilumina de la luz de tus ojos, y bajo el sol magnífico va sobre las nubes blancas, tal un camino hecho para que te deslices como van los barcos fugaces, sobre el mar.

En el hogar se queda prendido tu recuerdo, y te llevas un mundo de sueños y esperanzas, dentro del corazón.

Es muy grande el anhelo de saberse llamado para un noble destino de aliviar el dolor.

Que DIOS te ponga en todos los caminos, la dulzura inefable que tu bondad irradia.

Y con tu mamacita, yo extiendo la diestra para despedirte y para bendecirte.

Angela Ochoa Velásquez

Tegucigalpa, D. C. Nov. 1947 (Ochoa Velásquez, 1947, sin datos).

 

Este viaje a Panamá realizado a pocos meses de haber recibido su título de doctora en medicina y cirugía, es también reseñado en distintas notas de prensa publicadas, algunas de ellas guardadas por la doctora y ahora son parte de los documentos en custodia de nuestra universidad. Una de estas noticias refiere que: «Con verdadera satisfacción nos enteramos, por reportes que se nos envían desde Tegucigalpa, que nuestra talentosa compatriota la doctora Martha Raudales Alvarado ha salido para la ciudad de Panamá, contratada por aquel gobierno, para prestar sus servicios profesionales en el prestigioso Hospital Santo Tomás» (Honroso Nombramiento Para Una Joven Doctora Hondureña, 1947, sin datos).

Mencionamos párrafos atrás el don de la escritura que la doctora Raudales cultivó a lo largo de su vida. Un tema recurrente en ella lo fue la historia de la mujer en nuestra universidad, temática abordada en distintos escritos y en diferentes momentos de su vida. En 1955 reflexionó:

No se prohibía el acceso de la mujer al estudio de otras profesiones; era necesario romper barreras ambientales para ingresar a las aulas universitarias, pues mediaban como barrera los prejuicios, la timidez de la mujer ante las opiniones ajenas, y la inseguridad de ella misma para hacer frente un estudio prolongado, de mayor responsabilidad, y que se creía entonces ser privilegio para los hombres (Midence, 1955, p. 9).

No debemos olvidar la época en que a Marta Raudales y a toda una pléyade de mujeres visionarias les tocó vivir. La anterior cita es tomada de un artículo por ella escrito pero firmado como Marta Midence -su apellido de casada-, y que es a fin de cuentas una costumbre común y no exclusiva de ella, sino de otras grandes mujeres de nuestra historia pretérita -Leticia de Oyuela firmó siempre así sus dos docenas de libros-, muchos de los artículos por la doctora Raudales escritos para distintas publicaciones así también los firmó: Marta Midence. Esta cita ha sido transcrita de un boletín conmemorativo de la Asociación de Mujeres Universitarias de Honduras con motivo de la emisión del decreto-ley No. 29 que concede los derechos políticos a la mujer hondureña. En esta publicación aparecen grandes figuras del movimiento femenino hondureño, por ejemplo, escribe Leila Zablah de Matute el artículo Significación Jurídica y deberes que se desprenden del Decreto-Ley No. 29; o Alba Alonzo de Quesada con su escrito Historia de los Derechos Políticos de la Mujer, y vemos que ellas igual utilizan su apellido de casada, pese que sus artículos son sendas defensas de las luchas femeninas por la igualdad. Era una práctica y en algunos casos se sigue utilizando.

Marta Raudales toga

Marta Raudales posa con su toga y título recibido de doctora en medicina y cirugía en 1947. Imagen de Fotografía Artística, copia en papel fotográfico blanco y negro, 15 x 19.5 cm

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Asociación de Mujeres Universitarias Hondureñas (1950)

La capacidad de análisis mostrada por la doctora Raudales en cada uno de sus escritos, aunada a su carisma y sentido de responsabilidad, facilitaron su idea de crear la Asociación de Mujeres Universitarias Hondureñas, una organización necesaria que posibilitó la formación de un grupo cada vez más numeroso de mujeres en distintas áreas y que sería fundamental para el logro de conquistas sociales largamente anheladas. Una carta publicada en diario El Día nos da mayores detalles de esta fundación y del papel de la doctora Raudales en dicha organización:

 

Comayagüela, Febrero 26 de 1950.

Señor Director de El Día

Tegucigalpa.

Señor Director:

Me permito manifestarle que el día sábado 25 del corriente, a las 7 p. m. en la clínica de la Dra. Marta Raudales Alvarado y a iniciativa de la misma, nos reunimos un grupo de profesionales y estudiantes universitarios con el propósito de organizar la Asociación de Mujeres Universitarias Hondureñas. (A. M. U. H.).

La Dra. Raudales Alvarado expuso sus ideas y expresó la necesidad de dicha Asociación, cuyos fines serán de carácter cultural, de superación y de acercamiento con las Asociaciones de universitarios de los países americanos.

La exposición de la Dra. Raudales Alvarado fue acogida con entusiasmo y después de cambiar impresiones se eligió una directiva provisional, quedando integrada así:

Presidenta, Dra. Marta Raudales Alvarado; Vice-Presidenta, Dra. Corina Barahona; Secretaria del Interior, Dra. Marina Galindo Mejía; Secretaria del Exterior, Dra. Corina Fálope; Tesorera, Dra, Julia Ramírez Díaz.

También fue designada una comisión especial integrada por la Dra. Barahona y la Dra. Ramírez Díaz para que hagan los arreglos necesarios para el agasajo que las Universitarias ofrecerán a Doña Amalia de Castillo Ledón, Presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres, quien próximamente visitará a Honduras.

Al agradecer a Ud., la publicación de la presente en las columnas de su diario, y permitiéndonos al mismo tiempo hacer una cordial invitación a las demás compañeras que no pudieron hacerse presentes el sábado, para una nueva reunión en el mismo local y a la misma hora, el día martes 28 de los corrientes, me suscribo de Ud.

Muy atentamente.

Corina Fálope

Secretaria del Exterior (Quedó organizada el sábado anterior la Asociación de Mujeres Universitarias, 1950, pp. 1 y 6).

 

Adelantándonos un poco al relato, quien firma la nota anterior -Corina Fálope-, tendría cinco años después un papel fundamental en la conquista del voto femenino y la declaración de los derechos ciudadanos para la mujer hondureña, lo que nos hace entrever la importancia de esta organización para el futuro de las luchas femeninas en Honduras. Y si bien es cierto, dicha asociación comenzó su amplia labor en 1950, no fue sino hasta el 28 de noviembre de 1958 que el Estado de Honduras le concedió su personería jurídica y aprobaría sus estatutos. En éstos, se enlistaría como uno de sus fines: «a. Pugnar por conseguir para las mujeres iguales oportunidades que las otorgadas a los hombres en el ejercicio de las profesiones liberales y para desempeñar cargos públicos» (Estatutos de la Asociación de Mujeres Universitarias Hondureñas, 1960, pp. 6-7). El ítem c también es relevante y es por él que escritos como el presente pueden ser posibles: «Promover estudios e investigaciones tendientes a mejorar la condición jurídica, económica y social de la mujer en Honduras y a lograr una mayor protección a la infancia» (Íbid, p. 6). Decimos que el presente escrito es posible gracias al ítem c, por la sencilla razón de que ha sido la prolífica producción escrita de muchas de las participantes en esta asociación, la que da insumos para el estudio de esa década fundamental para el logro de conquistas sociales largamente negadas a la mujer en Honduras.

Revista de la Universidad

Estatutos de la AMUH

Estatutos de la Asociación de Mujeres Universitarias Hondureñas.(1960). Tegucigalpa: Asociación de Mujeres Universitarias Hondureñas. 12 x 15.7 cm (documento cerrado). Doce páginas impresas en blanco y negro sobre papel editorial base 90. Encuadernación en caballete con portada en cartulina

Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas (1951)

Esta idea de organización es innegable que dio pie para la aparición de otras asociaciones que derivaron en 1951 en la conformación de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas, cuyo papel en la obtención de los derechos políticos de la mujer hondureña fue crucial. Y ese fin fue trazado desde su concepción inicial, al acordar como uno de sus fines «La plena obtención y mantenimiento de los derechos políticos, económicos y sociales de la mujer hondureña y de la mujer en general» (Declaración de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas, Estatutos, 1951, p. 1). En el Capítulo I de estos estatutos puede leerse como una de sus finalidades: «Art. 4.– Preparar un estudio documentado de los problemas propios de la mujer hondureña y procurar su mejor e inmediata solución» (Íbid, p. 5). Son estos escritos por sus socias realizados los que nos permiten conocer de cerca en el presente los pormenores de su organización y el resultado de sus gestiones que derivaron en mejoras sociales para la mujer hondureña en general. Y nuestra doctora Marta Raudales también fue fundadora y pieza clave en la consolidación de esta federación.

Diario El Día publicó la siguiente reseña de su constitución: «Anoche celebró una importante sesión la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas, con el objeto de elegir el Consejo Ejecutivo para el año social que comenzará el primero de marzo próximo» (Anoche fue Elegido el Consejo Ejecutivo de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas, 1951, p. 1). Por su parte, Diario Comercial ampliaba la información del trascendental suceso e informada que se celebró éste al interior del Paraninfo Universitario, lo que denota la destacada participación de las mujeres universitarias en esta constitución. El diario en su nota transcribe extractos del discurso de la presidenta de la federación, que en una de sus partes dice: «Somos nosotras, las mujeres de Honduras, las llamadas a emprender la lucha por nuestra superación» (Bérmudez, 1951, p. 1, citada en Toma de posesión de la primera Junta Directiva de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas, 1951, pp. 1 y 7). La noticia enlistaba también a las organizaciones que conformaban la federación, siendo estas: Asociación de Mujeres Universitarias Hondureñas, Comité Femenino Hondureño, Cruz Blanca Hondureña, Asociación Femenina de Intelectuales, Comité de Damas Rotarias de Tegucigalpa, Agrupación de las Amantes del Arte, Asociación de Enfermeras, Mesa Redonda Panamericana, Damas Voluntarias y Damas Auxiliares del Leonismo.

Revista de la Universidad

Estatutos de la FAFH

Declaración de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas, Estatutos.(1951). Tegucigalpa: Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas. 12 x 15.7 cm (documento cerrado). Treinta y dos páginas impresas en blanco y negro sobre papel editorial base 90. Encuadernación en caballete con portada en papel satinado base 100. Fue impreso en López y Cia, empresa fundada por Rafael López Rodas, la que décadas después se convertiría en la icónica Litografía López, que dirigió su hijo Evaristo López Rojas

Rina Villars publicó en el año 2001 uno de los libros clave para conocer y estudiar la historia de la mujer en Honduras: Para la casa más que para el mundo: Sufragismo y Feminismo en la Historia de Honduras. En este fundamental libro refiere que

La Federación de Asociaciones Femeninas de Honduras, una vez obtenida su personería jurídica, presentó al Congreso Nacional una petición para obtener los derechos políticos de la mujer. La petición fue acuerpada por un grupo de diputados quienes, en febrero de 1952, introdujeron en la Cámara una moción para que se les otorgara el derecho al voto a las “mujeres mayores de veintiún años que tengan título profesional” (desde secretarías mecanógrafas hasta profesionales universitarias). La moción fue también desechada en su último debate, realizado el 13 de enero de 1953 (Villars, 2001, p. 336).

Claro que esta petición no fue la única al Congreso Nacional presentada. Ese mismo 1952 el Frente Femenil Pro-Legalidad presentó argumentos en un tono mayor -no olvidemos que mujeres del temple de Visitación Padilla dirigían esta organización-, y categóricas expresaban que:

Venimos respetuosas, pero animadas de la mayor entereza y conciencia de justicia que nos asiste, a exigir que se nos abra, dentro del marco de la carta Política de la Nación, el sitio que nos corresponde y a que se nos facilite el ejercicio íntegro de los derechos que hasta la fecha nos son negados… Venimos a demandar el reconocimiento de un patrimonio jurídico, ético, social, moral y político que nos ha correspondido y corresponde como seres humanos y que durante milenios nos han negado los hombres… (Frente Femenil Pro-Legalidad, 2001, citadas en Villars, 2001, p. 337).

Marta Raudales Caballo

Marta Raudales camino a Minas de Oro en abril de 1950. Imagen de Foto estudio Brema, copia en papel fotográfico blanco y negro, 9.4 x 9.4 cm

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Palabras finales

Esa década de los cincuenta del pasado siglo XX hondureño fue un parteaguas en la consolidación de los derechos de la mujer en nuestra nación. Y la conformación de las organizaciones antes reseñadas y en las cuales Marta Raudales fue pieza clave para su creación, es sin duda lo que las luchas feministas por sus derechos necesitaban para finalmente alcanzarlos. Es una época que tiene mucho qué decir, y que nuestra bibliografía ha descuidado pues sus acciones repercutieron en lo que restaba del siglo XX e incluso en el presente siglo XXI. Y para muestra, el 29 de agosto de 1950, una joven joven Leticia de Oyuela de apenas 17 años le escribió a la doctora Raudales una carta en dónde le preguntaba cuál creía que era el porvenir de la mujer hondureña, a lo que nuestra interlocutora respondía: «La lucha de la mujer hondureña por un porvenir mejor es grande, si se quiere algún día llegar a figurar al lado del hombre en todas las faenas de la vida.– Todo el porvenir que espera a la mujer depende de ella, si es brillante o sombrío, tiene que prepararse, aumentar su cultura para que pueda despertar en las ciencias, en las artes, en la literatura y hasta en la política». El futuro brillante que tendría Leticia de Oyuela confirma lo hondo que caló esta afirmación de la doctora Raudales en la mente de la joven de diecisiete años que se convertiría décadas después en la mayor referente de la historia del arte nacional.

Carta Leticia

Carta de Irma Leticia Silva y María Esther Ferrufino a Marta Raudales Alvarado, 29 de agosto de 1950. Copia en papel aéreo 21.5 x 28 cm, cuatro hojas mecanografiadas con textos solo en el anverso. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras

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Marta Raudales Alvarado falleció en la ciudad de Tegucigalpa el 10 de marzo del año 2015, y su legado va más allá de ese triunfo histórico para la mujer en Honduras de haber alcanzado su título de doctora en medicina y cirugía en tiempos en los cuales los espacios universitarios eran -según la norma social de la época- exclusivos para el hombre y su formación. Para la sociedad patriarcal de su tiempo, la mujer debía estar en su hogar, cocinando, cuidando hijos o preparándose para ser una buena esposa, era casi inconcebible pensar en que deseaban estudiar y llegar a ser profesionales en distintas áreas. La doctora Raudales y decididas mujeres contemporáneas a ella decidieron romper los moldes arcaicos y ser parte importante del desarrollo social, viendo a la familia como responsabilidad de todos y no tarea exclusiva de la mujer en tanto el hombre trabaja, estudia y crece intelectual y económicamente. La sociedad hondureña en general y en especial nuestra universidad, tienen una inmensa deuda con figuras como Marta Raudales Alvarado, su vida y su obra son ejemplo de una profunda entrega a su familia, a la sociedad en donde les tocó vivir y a su nación, su legado sigue vigente y sus triunfos y luchas siguen permitiendo el triunfo de muchas mujeres y hombres del presente.

Familia Midence-Raudales

Una fotografía de la familia Midence-Raudales, de izquierda a derecha vemos a René, Marta Raudales (madre). Patricia, Alfredo C. Midence (padre), Marta, Sagrario (sobrina) y Gerardo, hacia el centro aparece Mario (el hijo menor) abrazado por su padre. Autor desconocido, copia en papel fotográfico blanco y negro, 14.7 x 10 cm

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Referencias bibliográficas

Anoche fue Elegido el Consejo Ejecutivo de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas. (1951). Diario El Día, jueves 22 de febrero de 1951, Año III, No. 808. Tegucigalpa: Imprenta El Día. pp. 1 y 7.

Honroso Nombramiento Para Una Joven Doctora Hondureña. (1947). Recorte de periódico nacional sin mayores datos. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Irma Leticia Silva y María Esther Ferrufino, carta a Marta Raudales Alvarado, 29 de agosto de 1950. Copia en papel aéreo 21.5 x 28 cm, cuatro hojas mecanografiadas con textos solo en el anverso. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Midence, M. (1955). La Mujer en la Universidad de Honduras. En boletín 24 de Enero, número único. Comayagüela: Asociación de Mujeres Universitarias de Honduras. pp. 9-10.

Ochoa Velásquez, A. (1947, noviembre). Esquela de despedida. Recorte de periódico nacional sin mayores datos. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Quedó organizada el sábado anterior la Asociación de Mujeres Universitarias. (1950). Diario El Día, miércoles 1 de marzo de 1950, Año II, No. 519. Tegucigalpa: Imprenta El Día. pp. 1 y 6.

Raudales Alvarado, M. (1941, junio). La escuela de Malcotal. Original mecanografiado, dos hojas de papel bond, 21.6 x 28 cm, anverso escrito, reverso en blanco. Documentos de Marta Raudales Alvarado en custodia del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Raudales Alvarado, M. (1941). Un Banquete Conmemorativo. En Revista del Instituto Normal de Señoritas, 31 de agosto de 1941. Comayagüela: Instituto Normal de Señoritas.

Toma de posesión de la primera Junta Directiva de la Federación de Asociaciones Femeninas Hondureñas. (1951). Diario Comercial, lunes 5 de marzo de 1951, No. 5691. San Pedro Sula: Imprenta XOXO. pp. 1 y 7.

Villars, R. (2001). Para la casa más que para el mundo: Sufragismo y Feminismo en la Historia de Honduras. Tegucigalpa: Editorial Guaymuras.

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