Hombres de mármol y bronce. Los próceres erigidos en el siglo XIX.

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Hombres de mármol y bronce.

Los próceres erigidos en el siglo XIX.

 

Paúl Martínez
Fototeca Nacional Universitaria - UNAH

 

 

El día previo a la celebración oficial del 15 de septiembre de este 2021, diario La Tribuna publicó la entrevista a una destacada pintora nacional en donde expresaba ella que el artista …es el cronista e historiador que resume en una imagen años, décadas y hasta siglos de vivencias colectivas… (Morel, 2021: 18). Y mejor descripción no podríamos encontrar de las esculturas que en el último cuarto del siglo XIX se erigieron en honor a relevantes personalidades nacionales cuyo legado fue heredado de esa centuria, obras en mármol y bronce que narran visualmente los inicios de nuestra nacionalidad. La administración presidencial de Marco Aurelio Soto (1846-1908) quizá vio en el ejemplo salvadoreño de erigir monumentos en honor a Francisco Morazán (1792-1842) la forma de construir una identidad nacional que sería el legado más visible de su administración en materia de creación de espacios públicos acordes a sus anhelos de construir una ciudad capital culta y desarrollada.

 

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 1883. Monumento a Francisco Morazán, obra del escultor francés Léopold Morice, ubicada en la plaza central de la ciudad de Tegucigalpa.
Fotografía digital 35 mm por Paúl Martínez, 2013.

 

El gobierno salvadoreño dirigido por Rafael Zaldívar (1834-1903) había depositado el día martes 14 de marzo de 1882 en un solemne mausoleo las cenizas de Morazán y el día miércoles 15 inauguró con bombos y platillos el conjunto escultórico a él dedicado y ubicado en el parque construido ex profeso para ello en su capital San Salvador. 

Fueron los hermanos Francesco y Lorenzo Durini Vasalli (1856-1920 y 1855-1905, respectivamente) los responsables de estas obras comisionadas por el Estado salvadoreño y fueron ellos a quienes la administración Soto contactaría para erigir cuatro homenajes escultóricos a igual cantidad de ilustres hondureños: Francisco Morazán, José Cecilio del Valle (1777-1834), José Trinidad Cabañas (1805-1871) y José Trinidad Reyes (1797-1855), exceptuando a Cabañas, todos nacidos en el último cuarto del siglo XVIII y luminarias políticas e intelectuales del XIX. Una historia labrada en mármol y fundida en bronce, que honrando la vida y la obra de estos cuatro protagonistas de nuestro pasado, continua su presencia y su legado iluminándonos en el presente, la que quizá era la intención del presidente Soto: perpetuar para el futuro el ejemplo de estos cuatro insignes hondureños.

Hoy, en el presente 2021 que conmemoramos doscientos años de la proclamación de la independencia centroamericana del dominio colonial español el 15 de septiembre de 1821, la presencia y guía de estas prominentes figuras de la centuria que nos vio emerger como naciones independientes es más necesaria que nunca, ante el progresivo deterioro de la institucionalidad estatal y la cada vez mayor desconfianza generalizada en los responsables de conducir las riendas del Estado hondureño. El patriotismo, la honorabilidad, la ilustración, el desapego a todo bien personal en aras del engrandecimiento de la patria, ahora parecen temas del pasado, pareciera que quedaron adheridas a la pétrea superficie del mármol en las esculturas de Valle, Cabañas y Reyes, o atrapadas en la superficie fría del bronce de Morazán. Ahora más que nunca necesitamos conocer el pensamiento de aquellos hombres que quizá la sociedad decimonónica no valoró en toda su dimensión: Morazán fue fusilado en Costa Rica irónicamente un 15 de septiembre de 1842, a Valle le fue burlada su elección a la presidencia de la República Federal de Centroamérica en 1824, Cabañas fue depuesto de la silla presidencial de Honduras en 1855 y el padre Reyes debió buscar las luces de la ilustración en otras tierras ya que en su patria no le era posible recibirlas.

El reconocimiento a la vida y a la obra de estos cuatro destacados hondureños del pasado que desde la administración Soto admiramos en tres distintos espacios públicos de la ciudad de Tegucigalpa ha forjado en gran medida la figura de próceres que en el presente tenemos de ellos, aunque insistimos que su legado dejado en obras y pensamientos es valedero y más que merecido para recibir ese y muchos más reconocimientos. A decir verdad, el pensamiento de Valle o Morazán se conoce parcialmente en Honduras, muchos de sus escritos se hallan en colecciones del extranjero y no han sido publicados en el país, deuda pendiente que aún no salda la academia para con la sociedad hondureña y centroamericana. Y hablamos de estos dos personajes porque fueron aquellos que legaron mayor producción escrita, pero igual acontece con el caso de Cabañas o el padre Reyes, de quienes conocemos menos, pero que sin duda han debido dejarla, bien sea en comunicaciones institucionales del Estado o la iglesia, o bien en la profusa correspondencia epistolar que seguramente sus múltiples ocupaciones les han debido obligar a tener.

Se han tomado para reflexionar sobre ellas, las cuatro esculturas que la administración Soto comisionó para realizar a los hermanos Durini Vasalli, por ser las mismas una iniciativa que desde la institucionalidad fueron promovidas, tomando del erario público los fondos necesarios para su realización, caso especial merece la estatua de Morazán que se ubicó en el antiguo puerto de Amapala, escultura en mármol que fue obsequiada a Honduras por el pueblo y gobierno de El Salvador en 1882. Y si bien es cierto, este homenaje artístico a los cuatro próceres fue pensado y realizado por la administración Soto, razones personales adujo éste para renunciar a la presidencia en marzo de 1883, inaugurándose finalmente los monumentos el día 30 de noviembre de ese 1883, la misma mañana que fue investido su sucesor en la presidencia Luis Bográn (1849-1895). Luego de los actos protocolares en el Congreso Nacional, el recién nombrado presidente junto a la comitiva gubernamental, invitados especiales y público de la ciudad capital presenciaron en el parque central la inauguración del monumento ecuestre a Francisco Morazán, luego en la plaza San Francisco la escultura en honor a José Cecilio del Valle y culminaron los actos en la plaza La Merced cuando se develaron los bustos honrando a José Trinidad Cabañas y José Trinidad Reyes.

Debemos aclarar que en el presente escrito se ha respetado la ortografía original de los documentos citados -muchos de ellos del siglo XIX-, por lo que será común encontrar diferencias con el castellano moderno, como el uso de la letra j en lugar de la g, o tildes faltantes o colocadas en sílabas que ahora no serían correctas, además de acentos graves y circunflejos, prácticas que ya no están en uso en el presente.

 

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Los hermanos Durini Vasalli encontraron un espacio propicio para la erección de conjuntos escultóricos conmemorativos a relevantes figuras del pasado en el último cuarto del siglo XIX en la América Central. El primer Estado en contratar sus servicios fue El Salvador, el que durante la presidencia de Rafael Zaldívar les comisionó la edificación del mausoleo en el entonces Cementerio General de San Salvador dedicado a contener las cenizas del general Morazán, las que por distintas causas a lo largo de su historia habían tenido que ser removidas en distintas ocasiones.

Los restos mortales del prócer han tenido una azarosa historia desde ese fatídico 15 de septiembre de 1842 en Costa Rica con su fusilamiento -ordenado sin juicio alguno-, su inhumación seis años después, su entrega a El Salvador en enero de 1849, la destrucción de su mausoleo en el terremoto que desoló la capital San Salvador el 16 de abril de 1854, la profanación de su tumba en la toma de esa capital en octubre de 1863 por fuerzas guatemaltecas lideradas por Rafael Carrera (1814-1865), hasta su descanso final con el depósito de sus cenizas en el mausoleo construido en 1882. Por ello no es extraño el decir de muchos de sus historiadores cuando afirman que ese es un sepulcro vacío y que Morazán descansa en el viento de Centro América y los hondureños debemos enterrar sus restos en la urna simbólica, pero leal, de nuestro patriotismo agradecido (Rivera y Morillo, 1971: 18). Para este y otros autores, improbable es que las cenizas del llamado paladín de la unión centroamericana hayan llegado intactas a su última morada ante todos los percances sufridos en distintos momentos del siglo XIX.

 

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Parque Morazán en el centro histórico de San Salvador en donde fue inaugurado el 15 de marzo de 1882 el conjunto escultórico dedicado a Francisco Morazán, el que puede admirarse hacia el extremo central izquierdo de la fotografía. En el presente sus espacios han sido remodelados y se admiran muy distintos a la imagen superior. Fotografía por Cristóbal Prats Vives, 1964. Película reversible en color 35 mm.

 

 La mañana del miércoles 15 de marzo de 1882, el recién construido parque Morazán reunía a distinguidas personalidades de la escena política e intelectual de El Salvador y la región centroamericana, se inauguraba ese día el conjunto escultórico edificado en honor a Francisco Morazán, el que se constituiría en el primer homenaje de su tipo a la memoria del prócer en Centroamérica, notable acontecimiento realizado a iniciativa del presidente del hermano país, el doctor Rafael Zaldívar y comisionado a los hermanos Francesco y Lorenzo Durini Vasalli. Grandes personalidades de la época harían ese día sendos discursos honrando la memoria del prócer y el acierto del Estado salvadoreño en enaltecer con ellos su herencia de patriotismo y entrega a sus ideales, discursos dentro de los cuales destaca la memorable pieza oratoria pronunciada por el excelso tribuno Álvaro Contreras (1839-1882) quien fue designado por el gobierno de Zaldívar para hablar en nombre del Estado salvadoreño.

Ramón Rosa (1848-1893) también dedicaría desde nuestro país las más sentidas palabras en honor a quien honró a su vez la memoria del héroe de La Trinidad:

El Gobierno del Salvador, cediendo á las inspiraciones del más noble patriotismo, é interpretando el sentimiento nacional de aquella República, decretó erigir un monumento destinado á perpetuar la memoria del General D. Francisco Morazán, del Repúblico más sincero, del batallador más heróico, y de la víctima más ilustre con cuyos hechos egregios se honra la Historia de Centro-América (Rosa, 1882: 1).

 

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La plaza central de Tegucigalpa hacia la última década del siglo XIX, una visión muy similar a la que tuvo el  sitio años atrás cuando se inauguró el monumento a Francisco Morazán, el que podemos apreciar destacado hacia el centro de la plaza. Fotografía por Juan T. Aguirre, Ca. 1890. Reproducida de una litografía original del Primer Anuario Estadístico correspondiente al año de 1889, libro que es todo un hito histórico de las artes gráficas y la historiografía en Honduras, obra de Antonio R. Vallejo e impreso en la Tipografía Nacional en 1893.

 

La administración presidencial de Marco Aurelio Soto a través de su ministro Ramón Rosa, quizá inspirada en el ejemplo salvadoreño, celebró una contrata en agosto de 1882 con Francesco Durini Vasalli para la realización de cuatro homenajes públicos a igual número de distinguidas personalidades del pasado que su administración consideraba con méritos suficientes para dedicar un homenaje nacional e imperecedero. La obra central sería sin duda la escultura ecuestre de Francisco Morazán, la que se pensó debía estar en la plaza central de la recién nombrada capital de la República en 1880: la ciudad de Tegucigalpa. Ramón Rosa en la misma felicitación al gobierno salvadoreño, adelantaba que estaba escribiendo la biografía de Morazán por una excitativa del presidente Soto:

Francisco Morazán: allá en tu grande y predilecto pueblo se te hace justicia, y se alza un monumento digno de tu espléndida grandeza. Aquí, en donde se meció tu cuna, y en donde la ingratitud te hincó su negro diente, por los mandatos de un Gobernante ilustre, se escriben ya, con su rectitud y justicia, las páginas de tu gloriosa, de tu inmortal Historia! (Rosa, 1882: 2).

 Esa historia referida por azares del destino que evitaron se publicará en ese entonces, vió la luz hasta el año 1971, cuando en el sesquicentenario de la independencia patria el Instituto Morazánico la publicó en xerografía con el título Historia del Benemérito General don Francisco Morazán, ex-Presidente de la República de Centroamérica, edición que debe agradecerse a la iniciativa de su entonces presidente -el embajador Rafael Leiva Vivas-, quien gestionó el préstamo de su manuscrito con la única hija que quedaba viva del estadista: doña Blanca Rosa viuda de Estrada, quien residía en Guatemala. Casi un siglo debieron esperar las palabras de Rosa que inmortalizaban la vida y obra del prócer para ser leídas y conocidas por el pueblo hondureño. Por ello quizá el mismo Rosa desde ese lejano 1882 le pedía disculpas al prócer en esta la que fuera su tierra y en donde …la ingratitud te hincó su negro diente.

 

5La llamada en ese entonces plaza San Francisco de Tegucigalpa hacia la última década del siglo XIX, esta es la fotografía más cercana en el tiempo que hemos podido encontrar al año de inauguración del monumento a Valle, nótese al ampliar la fotografía la verja de hierro ornamentada que estaba estipulada en la contrata que circundaría a la escultura del sabio. Fotografía por Juan T. Aguirre, Ca. 1890. Reproducida de una litografía original del Primer Anuario Estadístico correspondiente al año de 1889, monumental obra que debemos al celo de Antonio R. Vallejo e impreso en la Tipografía Nacional en 1893.

 

Escribió en distintos espacios José Cecilio del Valle que para él los hombres de ciencia eran los primeros en su escala de valores. Para él, debían ser siempre el centro de las sociedades y estaban destinados a guiarlas a un futuro mejor, más ordenado, más justo y más humano. Y Valle, tanto para allegados y antagonistas de su tiempo y a todo lo largo del siglo XIX fue la mente más lúcida de esa centuria en toda Centroamérica, no es extraño entonces, que el segundo personaje en que honraría la administración Soto fuera precisamente a quienes todos -partidarios o adversarios-, acertadamente han llamado como el sabio Valle, por ello Ramón Rosa escribió en la biografía que del prócer publicó, que Valle era casi olvidado en Honduras y la región:

Dos años hace que Centro-América, por deber, por gratitud, y aun por su propia honra, estuvo en el caso de celebrar el primer Centenario de José Cecilio del Valle. Pero Centro-América no paró mientes en el recuerdo del sabio Estadista que redactó el Acta inmortal de su Independencia. Centro-América casi ha perdido la memoria; Centro-América casi lo ha olvidado todo; ha hecho silencio al sueño de la muerte de sus más ilustres hijos, como si temiera despertarlos, como si temiera que se levantasen, de improviso, para lanzarle una severa y amarga y cruel reconvención (Rosa, 10 de diciembre, 1882: 4).

Rosa en su biografía afirmaba que el sabio Valle había nacido en 1880, por ello la referencia en 1882 a que habían pasado dos años del centenario de su nacimiento. Pero no estaba errado cuando escribió que su legado y su recuerdo se estaban perdiendo, antes de estos homenajes -su biografía y su escultura-, las ideas plasmadas en sus escritos y los hechos de su vida pasaban cada día más desapercibidos en la sociedad hondureña y centroamericana.

 

6La plaza La Merced de Tegucigalpa hacia la última década del siglo XIX, una visión muy parecida a la que tendría este histórico espacio para las fechas en que se inauguraron los bustos dedicados a honrar la memoria del general Cabañas y del padre Reyes. Fotografía por Juan T. Aguirre, Ca. 1890. Reproducida de una litografía original del Primer Anuario Estadístico correspondiente al año de 1889, obra capital para comprender el siglo XIX hondureño y que es legado de Antonio R. Vallejo, fue impreso en la Tipografía Nacional en 1893.

 

La plaza La Merced ha sido históricamente uno de los principales espacios públicos del centro histórico de Tegucigalpa, la iglesia y el convento homónimos han sido de las primeras edificaciones que se remontan a los inicios de la ciudad y en el último cuarto del siglo XIX hacia su costado sur se hallaba el Palacio del Ejecutivo, desde donde se regía la administración estatal del país. Y es en esta plaza en donde se erigieron los bustos en homenaje a José Trinidad Cabañas y a José Trinidad Reyes, los que originalmente sus rostros miraban hacia el este, hacia donde la luz del sol vespertino iluminaba sus serenas miradas y el rostro impoluto de su honradez y acendrado amor a su patria.

Cabañas, el incondicional soldado de Morazán cuyo valor y heroísmo han quedado grabados en las páginas de la historia nacional, acompañó al paladín de la unión centroamericana hasta sus últimos días, inclusive a riesgo de su propia vida …En el vestido y sombrero se le contaron 17 agujeros. No hubo oficial que saliera a acompañarlo que no quedara herido o muerto (Vijil, 1971: 19), así se contaba en la narración de las últimas horas de Morazán en su asedio en Costa Rica del año 1842. Pero Cabañas escribió luego su propia historia, llegó a dirigir la nación hondureña entre 1852 y 1855, dejando tras de sí un aura de honradez y entrega a su nación hasta el momento difícil de superar. En 1853 en un comunicado al pueblo hondureño, con rectitud y firmeza le expresaba …que firmemente convencido de que el derecho mas sagrado del pueblo libre es el de rejirse por sus leyes, y escojer ó mudar sus mandatarios, antes moriré con el último soldado que prostituir esas leyes, sacrificando la independencia y soberanía de Honduras (Cabañas, 31 de diciembre, 1853: 2).

 

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Ramón Rosa dejó escrita también una biografía del presbítero José Trinidad Reyes y evoca en ella los años de su infancia en donde la imagen del religioso se convierte en una guía y una amistad sincera que le ha dejado imperecederos recuerdos. Podemos inferir entonces que Rosa debía conocer muy bien la imagen de Reyes y debió también avalar el parecido del busto en mármol a él dedicado, de hecho en su biografía hace una descripción de él que si se lee contemplando su busto en el parque La Merced podemos encontrar muchas similitudes …su cabeza, casi siempre inclinada, tal vez por el peso agobiador de las ideas, era grande, bien formada, cabeza escultural; su frente no era espaciosa, pero sus marcadas protuberancias decían, al hombre de ciencia, que era la frente de un pensador… (Rosa, 1993: 8).

La ubicación de este busto en la plaza La Merced, no podría ser más idónea. El padre Reyes es históricamente la figura más emblemática del nacimiento de la Universidad de Honduras en el año 1847, la que si bien es cierto nació en lo que era el convento San Francisco, posteriormente y hasta el año 1969 funcionó en el convento La Merced, el inmueble que precisamente podemos admirar detrás de la escultura de Reyes en la fotografía superior, las palabras de Rosa lo describen mejor:

El memorable día 19 de septiembre de 1847, en la Iglesia de San Francisco de esta ciudad, se inauguró, con público regocijo, la Universidad de Honduras. Presidieron acto tan solemne el consabido Jefe de Estado, Doctor don Juan Lindo, el señor Obispo don Francisco de Paula Campoy y Pérez; asistió todo el vecindario distinguido de la ciudad, y se pronunciaron oportunos discursos por el señor Lindo, el señor Campoy, el Rector y algunos de los catedráticos (Rosa, 1993: 17).

 

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 Busto en honor a José Trinidad Cabañas ubicado en la plaza La Merced en Tegucigalpa, obra de Francesco Durini Vasalli, también participó un escultor genovés de apellido Beltramí y otro artista -igual genovés-, de apellido Canessa, quien fue el responsable del diseño arquitectónico de las cuatro obras a los hermanos Durini encomendadas (Oviedo y Santamaría, 2020: 170). Fotografía digital 35 mm por Paúl Martínez, 2013.

 

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Para concluir, aún no se salda la deuda para honrar estos próceres

 

En el marco de la celebración del 15 de septiembre de 1881, Marco Aurelio Soto en su discurso oficial se lamentaba del casi desconocimiento del legado que de hombres como Morazán tenía la nación hondureña. Afirmaba para el caso que su testamento debía ser el texto en el que los niños de Centroamérica aprendiesen a leer, y llevaba la razón, ya que es un escrito sentido de alto amor y entrega a la patria. En diciembre de ese año comisionó a su ministro Ramón Rosa para escribir la biografía de este prócer y la de Valle, así como de publicar también las obras completas del sabio. Rosa cumplió publicando la biografía de Valle a partir del 20 de diciembre de 1882 al 8 de junio de 1883 en distintas ediciones de La Gaceta (desde el No. 187 al 218) y como mencionamos párrafos atrás, aunque escribió la biografía de Morazán, la misma no se publicó sino hasta el año 1971, quedando pendiente la publicación de las obras completas de Valle, las que en ese entonces hubiesen sido un gran aporte, puesto que algunas de ellas podían aún encontrarse con mayor facilidad y eran parte de la colección personal de Rosa, la que suponemos debía ser muy completa.

La administración de Marco Aurelio Soto -seguramente con la orientación de Rosa-, cumplió con creces su homenaje a estos cuatro prohombres de nuestra historia. Y no es casualidad que excepto de Cabañas, Rosa haya escrito estudios biográficos de los otros tres homenajeados, de ahí quizá la elección de ellos entre otros tantos ilustres hondureños que bien merecerían homenajes por sus destacados aportes a la construcción de nuestra nación en esa primer centuria fundacional. Pero la historia, ese severo e imparcial juez de los actos de la humanidad se encargará tarde o temprano de poner en su sitio a los que merecen honores e ignorar a los que son merecedores del oprobio y su olvido. Morazán, Valle, Cabañas y Reyes, cada uno merece un sitial de honor en nuestra historia, cada uno de ellos en su vida y en sus obras dejó una huella indeleble para encontrar suficientes motivos para enorgullecernos de una nación que ha sido cuna de grandes figuras.

Las primeras décadas posteriores a la independencia centroamericana estuvieron dominadas por dos figuras nacidas en nuestro terruño: Valle que fue el cerebro de las Provincias Unidas del Centro de América como individuo del Poder Ejecutivo y Francisco Morazán ya convertida la región en República Federal de Centroamérica. Valle, cuya mente prodigiosa llamaba a aceptar sus sabias decisiones, Morazán que se vio obligado a cambiar las letras por las armas y en múltiples batallas mantener vivo el ideal de la unión de la región. Su desaparición física -Valle en 1834 y Morazán en 1842-, sumió a la región en batallas incruentas y continuas, dividiendo lo que fue una sola nación en cinco pequeños países divididos y enfrentados perennemente entre sí.

Queda pendiente el estudio profundo y permanente del legado de estas grandes luminarias que dejaron su huella en el siglo XIX, la prensa de la región centroamericana de esa centuria ha publicado en distintos momentos su legado, tarea pendiente de reunirles, analizarles y difundirles para su mejor conocimiento. Documentos, cartas, proclamas e infinidad de hojas sueltas firmadas en distintas épocas y circunstancias por ellos, también son parte importante de sus ideales plasmados en papel. Por ello precisamente escribió Ramón Rosa en su biografía del padre Reyes que

Para juzgar a los hombres hay que fijarse en el medio social en que viven. Reyes tenía las más variadas y sorprendentes facultades. Era filarmónico, y en Tegucigalpa, la población más culta de Honduras, no había un piano; y él introdujo el primer piano. Era escritor, y no había una imprenta, y él introdujo la primera imprenta llamada de “La Academia”. Era literato, y no había una biblioteca; y él fundó la de la Universidad. Era entendido en Astronomía, Física y Química, y no había elementos, ni aun rudimentarios, para un observatorio, para un gabinete de Física y para un laboratorio de Química. Reyes se encontraba en el vacío (Rosa, 1993: 21).

 

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Plaza e iglesia La Merced en el centro histórico de Tegucigalpa. Si comparamos la presente imagen con la captada por Juan T. Aguirre cerca de 1890, veremos cómo ha cambiado este espacio público, el que nos muestra aquí el diseño creado por el ingeniero Arturo López Rodezno en la segunda mitad de la década de los cuarenta del pasado siglo XX. En la actualidad, el espacio público es completamente diferente, en esta imagen las esculturas de José Trinidad Cabañas y de José Trinidad Reyes están dirigidos sus rostros hacia el este, en el presente la primera mira al sur y la segunda mira hacia el norte. Fotografía por José Ramiro Osorio, Ca. 1950. Copia en papel fotográfico blanco y negro 9 x 6.2 cm.

 

En el año precedente a este 2021 que conmemoramos el bicentenario de independencia, distintos movimientos sociales han sacudido al mundo, poniendo en el tapete de la discusión pública temas largamente ignorados como el racismo o la exclusión de pueblos enteros que por siglos han vivido relegados en sus derechos más elementales. Parte de esas críticas sociales han sido a la llamada historia de bronce, aquella que a través del arte escultórico rinde homenaje a personalidades del pasado que tienen serios señalamientos por su dudosa moralidad personal o por la aún más dudosa integridad de sus actos, críticas que en la mayoría de los casos están más que justificadas, pero que sin embargo -para el caso presente-, los personajes honrados en bronce y mármol son más que merecedores de estos tributos institucionales y también populares, o juzgados como bien lo escribió Rosa en su biografía de Valle por …el certero instinto de la posteridad, instinto que, para bien de la especie humana, inspira los juicios imparciales de la Historia de pueblos y soberanos (Rosa, 28 de enero, 1883: 4). Porque para bien de los pueblos …No todo acaba cuando muere el hombre, le sobreviven sus inmortales ideas (Rosa, 10 de febrero, 1883: 2). Y las ideas y el ejemplo de Morazán, Valle, Cabañas y Reyes deben vivir en nuestro presente y guiar nuestros actos y nuestros sentimientos hacia esa delgada franja de tierra situada en el justo centro de nuestro continente: nuestra amada Centroamérica, la tan celebrada Patria amada a quien le escribía el sabio Valle, o como bien describiría a Honduras don Catarino Castro Serrano (1892-1939) cuando en 1921 escribió un libro del primer centenario de nuestra vida independiente: Honduras, país de envidiable porvenir, ocupa quizá la más bella y la más rica porción del centro del Continente Americano, conocido con el nombre de Centro América.– Como esmeralda en la pedrería de una sortija, se halla engarzado ente país… (Castro, 1921: 9).

Pero las palabras heredadas de esas luminarias del pasado deben también verse reflejadas en nuestras acciones diarias y nuestra manera de actuar, ya que como acertadamente dos siglos atrás lo escribió el sabio: Las obras son la mejor prueba del patriotismo (Valle, 1820: 83).

Tegucigalpa, Ciudad Universitaria José Trinidad Reyes. Miércoles 15 de septiembre del año 2021.

 

Bibliografía

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Castro S., C. (1921). Honduras en la primera centuria. Nuestra vida política, diplomática, militar y cultural de los primeros cien años 1821-1921. Tegucigalpa: Tipo-Litografía y Fotograbado Nacionales.

Morel, K. (2021). El artista es el cronista e historiador que resume en una imagen hasta siglos de vivencias colectivas. En diario La Tribuna. Martes 14 de septiembre de 2021. Año XLV. No. 20072. Tegucigalpa: Periódicos y Revistas, S.A. de C.V PYRSA. p. 18.

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