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De esta muestra lastimosamente no existe registro, el catálogo de mano únicamente enumera las obras señalando su título, técnica y propietario, -que es información valiosa, claro está-, pero que no deja evidencia de la obra en sí, no hay registro visual de lo presentado y como en muchos casos similares, las piezas exhibidas se han disgregado y se desconoce el paradero de buena parte de ellas. Sería un valioso tesoro tener un registro fotográfico de las obras mostradas en esta retrospectiva, ello nos permitiría estudiar la evolución técnica y temática del artista, pero transcurrido medio siglo del evento es difícil emprender un estudio así, y ello es un problema demasiado recurrente en el arte nacional.
1977: exponiendo allende el mar Caribe: La Española
La reconocida crítica de arte Marianne de Tolentino (1930) escribió una reseña de la exposición que en 1977 Arturo Luna realizaría en la Galería de Arte Moderno en Santo Domingo, República Dominicana. En este texto refiere que presentó 37 placas y dos óleos, resaltando la participación del artista hondureño como un aporte tangible del espacio de exposición que apenas un año antes fue inaugurado y que ahora es el Museo de Arte Moderno, la crítica finaliza su escrito expresando que:
Con la exposición de esmaltes de Arturo Luna, con la presentación simultánea de algunos creadores sobresalientes suramericanos, la Galería de Arte Moderno está llenando paulatinamente una de sus funciones fundamentales: revelar al público dominicano los valores y la vitalidad plástica de Latinoamérica (Tolentino, 1978, p. 25).
El arte es una mentira que nos revela la verdad
Así lo expresó en 1923 un artista en ascenso llamado Pablo Ruíz Picasso (1881-1973) mofándose de la visión que de su arte tenía la sociedad (Picasso, citado en García Loza, 2026, p. 43). Irónico y absoluto, el gran pintor catalán se mostraba irreverente ante las reacciones adversas que cuestionaban la legitimidad de sus propuestas artísticas, aceptación que el tiempo terminó por conceder a su genio. El toro que formó el maestro Luna era una invención más preciada que el toro de verdad que valoraba más la dama emperijoyada mencionada por el artista en la entrevista de 1970. Las aves fantásticas del maestro no existieron nunca en paraje alguno natural. Las mujeres con rostros de antigua deidad nacieron en lo profundo de su mente, no caminaron jamás como seres terrenales por este planeta. No eran una mentira, eran una creación artística como burlonamente lo expresaba Picasso. Compartieron ambos artistas la incomprensión de su época, Picasso tendría una vida longeva de producción, por el contrario, el maestro Luna partió de nuestra Tierra inesperadamente, justo en una década que le veía renacer artísticamente -con cinco importantes muestras: 1974, 1975, 1976 y 1977, las primeras cuatro en Tegucigalpa y la quinta en Santo Domingo-, pero la vida humana es frágil e impredecible, el maestro fallece de un fulminante paro cardíaco que apaga su luz para infortunio del arte y de la cultura hondureña.
De repente, a las diez de la mañana del día nueve de marzo…
…falleció Arturo Luna, en Tegucigalpa. Sus despojos fueron expuestos al público en el salón de actos de la Escuela Nacional de Bellas Artes de la ciudad capital, más de veinticuatro horas. Muchos años antes, todavía adolescente, había llegado a ese mismo edificio procedente de su pueblecito natal: Santa Rita, Copán, en busca de sí mismo. Por aquel entonces ya se posaban en el vértice de su imaginación los pájaros de alargada mansedumbre que a su regreso de Europa habrían de consagrarlo, gracias a su constancia, como uno de los maestros centroamericanos más auténticos en la técnica del esmalte sobre cobre (Sosa, 1978, p. 26).
El maestro Luna parte de manera intempestiva, nadie esperaba su deceso, ni él mismo podríamos afirmar. En diferentes entrevistas manifestó planes para su inmediato futuro, afirmando que se hallaba bocetando piezas en cerámica y acariciaba la idea de varios murales, en 1974 y 1975 la Galería Leo organizaría dos importantes exposiciones, en 1976 realiza su retrospectiva y en 1977 parte a República Dominicana a exhibir sus creaciones en un espacio reservado solo para grandes artistas de la isla y del continente, pero este renacer artístico se vio truncado por su inesperada partida.
Arturo Luna. Sin fecha ni título. Boceto en pastel graso sobre papel. 29.8 x 34 cm. No existe la certeza de si estos bocetos que el maestro Luna dejó bosquejados en un cuaderno de dibujo, formarían parte de esas piezas cerámicas que afirma estaba planeando realizar. En este cuaderno bocetó 16 hojas en técnicas diferentes y distintas temáticas. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35mm, 2022
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© Obra incluida con fines de difusión cultural por el CAC-UNAH.
Todos los derechos pertenecen a sus autores. Prohibida su reproducción o uso sin autorización expresa.
El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer
La frase anterior era el eslogan de la edición 2018 de Arco, una de las más reconocidas ferias de arte celebradas en Madrid, España. El evento buscaba crear conciencia de lo que el arte podía hacer al plantarle cara al futuro, tema que esta feria en sí ha repetido en su edición 2026: ARCO 2045, El futuro, por ahora. Visto desde esta óptica, el futuro es todo lo que haremos a partir de este instante, de nosotros depende entonces el cómo seremos recordados cuando nuestro futuro sea más bien el pasado de las generaciones que nos sucedan. El principal problema del presente es encontrar referencias documentales de obras de arte o datos biográficos de los artistas que las han creado una vez que los mismos han ido falleciendo, incluidas también aquellas personas que les conocieron. El problema no es para nada baladí la verdad, pues estas carencias simplemente nos han hecho desconocer la historia del arte nacional especialmente de los siglos XIX y XX, y ello pese a que es en estos últimos siglos cuando la invención de la fotografía ha facilitado el proceso de registrar obras de arte -blanco y negro en el siglo XIX, a color en el XX-. De hecho, es un problema aún no resuelto inclusive en este siglo XXI, en el cual las obras de arte producidas por lo general no tienen un registro metódico y profesional que les vaya preservando de cara al futuro. Dicho lo anterior, exposiciones como la presente -que buscan rescatar obras de arte de reconocidos artistas del pasado-, son importantes y cada vez más necesarias. Implican un proceso de búsqueda de piezas originales para poder registrarlas fotográficamente ante la dificultad de exhibirlas en físico, ya que no siempre se cuenta con la autorización de cada propietario de las obras, y así, al menos el registro profesional de ellas las convierte en válidos objetos de estudios académicos al ser compartidos por distintos medios a un público nacional e internacional más amplio.
Igual se ha procurado acompañar las obras con información biográfica de los artistas que el mismo transcurrir del tiempo ha desvanecido su recuerdo: catálogos, entrevistas, reseñas y especialmente fotografías personales que nos narren visualmente sus vidas. No es tarea sencilla, son materiales frágiles en papel que por lo general no se encuentran en archivos institucionales pues si bien son impresos, las bibliotecas o hemerotecas dan prioridad a los materiales más formales de prensa o revistas, no así a hojas sueltas, volantes, afiches o catálogos de mano, los que para el estudio de una exposición artística más bien se convierten en fuentes valiosas pues es información de primera mano de lo que el artista mostró: títulos, técnica, dimensiones, fechas o el lugar de su realización. Ahora bien, si alguien no se ha tomado el cuidado de guardar ese material -impreso hace décadas o siglos-, reseñarlo en el presente es sencillamente imposible, valgan estas palabras para agradecer a quienes se han preocupado por preservar y conservar esta ahora valiosa información, sin ella, navegaríamos a ciegas en el elusivo océano de la historia del arte hondureño.
Arturo Luna. 1960. Sin título. Escultura en cerámica. 55 x 45 x 16 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35mm, 2022
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© Obra incluida con fines de difusión cultural por el CAC-UNAH.
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El transcurrir de un siglo parece poca cosa para la historia geológica del planeta, pero si lo reducimos al espectro de una vida humana, es ver desfilar dos o tres generaciones en ese lapso de tiempo. Arturo Luna nace en 1926 en una sencilla comunidad de la zona occidental de Honduras, esa lejanía quizá le salvaguardó de padecer penurias o simplemente perecer en las interminables montoneras de las primeras décadas del siglo XX hondureño. Se unió al grupo de primeros graduados de la Escuela Nacional de Bellas Artes para después culminar su formación en Italia, retornando al país con nuevos sueños y proyectos que poco a poco se fueron ralentizando ante la acumulación de indiferencias que el artista fue padeciendo, teniendo un nuevo renacer artístico y de producción hacia la década de los setenta cuando lastimosamente parte hacia la eternidad quizá deseando alcanzar el vuelo de sus aves fantásticas.
La politóloga albanesa Lea Ypi (1979) expresó en una entrevista a diario El País de España que «Las vidas de gente como mis abuelos, comprometidos con la ilustración progresista, y sus esfuerzos no tienen ningún significado si las siguientes generaciones no los tienen en cuenta» (Ypi, citada en Aguilar, 2026, p. 44), lo mismo sucede con las vidas y el legado de artistas como el maestro Luna, si en el presente los ignoramos o simplemente los olvidamos, toda su dedicación y obras habrán sido en vano, y en vano será cualquier aporte que hagamos en el presente pues las generaciones del futuro posiblemente solo heredarán nuestras indiferencias.
Tegucigalpa, MDC, Paraninfo universitario, jueves 12 de marzo de 2026
Arturo Luna. El Festín. Técnica mixta. Fotografía por Evaristo López Rojas en película reversible en color formato 120mm, Ca. 1988
Arturo Luna. 1975. Pájaro. Óleo sobre tela. Fotografía por Evaristo López Rojas en película reversible en color formato 120mm, Ca. 1988
Aguilar, A. (2026). Lea Ypi, escritora: “Los problemas del siglo XXI son el capitalismo y el Estado nación”. En diario El País, martes 10 de marzo de 2026, Año LI, Número 17,752. Madrid: Ediciones El País. p. 44
Becerra, M. (1978). El valor de los Caolines. En diario El Día, sábado 10 de junio de 1978. Año XXX. No. 9599. Tegucigalpa: pp. 5 y 16
Becerra, M. (1978). El valor de los Caolines. En diario El Día, martes 13 de junio de 1978. Año XXX. No. 9601. Tegucigalpa: pp. 5, 8 y 9.
Escoto, J. (1976). Arturo Luna de Honduras: entre pájaros maravillosos y torsos de mujer. En La Prensa literaria centroamericana, noviembre de 1976, Volumen 1, Número 10. Managua: La Prensa S. A. pp. 20-23
Gamero, M. (1970). Arturo Luna: el artista hondureño que crea con fuego. En revista Extra, junio de 1970. Año V. No. 59. Tegucigalpa: Editada por Oscar Acosta. pp. 13-15.
García Loza, A. (2026). La Catedral de Burgos muestra la inspiración divina de Picasso. En diario El País, martes 3 de marzo de 2026, Año LI, Número 17,745. Madrid: Ediciones El País. p. 42.
Hoy celebra sus 50 años el artista hondureño Arturo Luna. (1976). En diario Tiempo, miércoles 31 de marzo de 1976. Año VI, No. 1018. San Pedro Sula: p. 10.
Sosa, R. (1978). Arturo Luna. En diario Tiempo, sábado 18 de marzo de 1978. Año VIII. No. 2727. San Pedro Sula: p. 26.
Tolentino, M. (1978). Arturo Luna, maestro hondureño del esmalte. En diario Tiempo, viernes 3 de marzo de 1978. San Pedro Sula: p. 25.

