1975. Diez obras insignes del arte hondureño

1975. Diez obras insignes del arte hondureño medio siglo atrás

Por Paúl Martínez. Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Fototeca Nacional Universitaria


 

Resumen

El presente escrito es una reflexión inspirada en diez obras de arte realizadas por igual cantidad de pintores hondureños que nos dan una idea general de la plástica nacional en la década de los setenta, un decenio marcado por la polarización política de la región centroamericana y regímenes militares a nivel país, factores externos e internos que en buena medida moldearon la creación artística nacional y plantaron la semilla para que en la década posterior se fortaleciera y creciera profesionalmente una generación de artistas que hoy son considerados fundamentales en la historia del arte hondureño. La Universidad Nacional Autónoma de Honduras a través de su espacio digital la Galería Virtual de las Artes, desea compartir con la comunidad universitaria y sociedad hondureña este valioso registro documental ante la ausencia de las obras físicas, las que por la misma dinámica comercial del arte pertenecen -la mayoría de ellas-, a colecciones de carácter privado tanto nacionales como internacionales, lo que dificulta el admirar sus originales o hacerlas parte de estudios académicos formales del arte hondureño.

Palabras clave

Artistas plásticos hondureños, década de los setenta, fotografía documental, historia del arte hondureño

Introducción

La carencia de un corpus organizado sobre las principales obras de arte producidas en países que como Honduras poseen una extensa producción artística, es siempre un impedimento para iniciar proyectos de estudio sobre la historia del arte hondureño. Por ello cada registro de una pieza de arte es valioso para construir esa tan necesaria historia del arte nacional. La bibliografía sobre el tema es escasa -aunque sí han existido proyectos editoriales importantes, Longino Becerra, Evaristo López Rojas o Leticia de Oyuela los han realizado-, pero bien o mal se han basado muchas veces en colecciones de carácter público que ahora son accesibles en gran medida: el Banco Central de Honduras, nuestra propia universidad, y también colecciones de carácter privado: el Banco Atlántida o el Instituto Hondureño de Cultura Interamericana son ejemplo de ello. Si bien es cierto, en su momento proyectos como los de Longino y Evaristo fueron cruciales para conocer el arte nacional -pues fueron editados hacia la segunda mitad de la década de los ochenta del pasado siglo XX-, muchas de las obras reseñadas podemos verlas ahora en las colecciones artísticas renglones atrás reseñadas, en menor medida lo mismo podemos señalar de los libros sobre arte nacional editados por Leticia de Oyuela, en especial La batalla pictórica, del año 1995.

Las exposiciones son trascendentales para el desarrollo del arte en cualquier país del mundo, aun cuando las formas mismas de admirar el arte hayan cambiado radicalmente en el último medio siglo, de una u otra forma siguen siendo una exposición -ejemplo de ello es precisamente esta muestra virtual, ya que las obras físicas es casi imposible admirarlas-. En una entrevista realizada en 1961 al gran artista Mario Castillo (1932-2013) éste expresa que «Toda exposición beneficia al autor y al público. El primero tiene la oportunidad de oír los comentarios favorables o desfavorables a su obra y el público acrecienta su conciencia artística» (Castillo, 1961, p. 7, citado en Exposición de Mario Castillo se inaugurará mañana en San Pedro, 1961, p. 7). Pero para que al transcurrir del tiempo estas obras no se olviden es necesaria la crítica (reseñada en publicaciones), un catálogo o el registro documental de la muestra, sino simplemente desaparece la obra y la trascendencia del artista en nuestra historia del arte nacional se diluye o se desestima. Por ello son tan acertadas las palabras de Patricia Arroyo Calderón cuando expresa que «…los acontecimientos que se producen en el seno de una sociedad no adquieren relevancia hasta que los diferentes actores individuales o colectivos  los organizan e interpretan  de una forma particular, hasta que se articulan de una manera lingüística precisa utilizando las herramientas conceptuales disponibles en cada momento» (Arroyo Calderón, 2010, p. 130). En otras palabras, las creaciones y los creadores del pasado solo serán relevantes para nuestra historia del arte hondureño cuando dejemos registro escrito, visual o sonoro de ellos, por ello insistimos en la relevancia de las exposiciones y su correcta documentación, si deseamos que estas creaciones sean conocidas en el futuro.

Buena parte de las obras de arte realizadas por distintos pintores a lo largo de nuestra historia han sido adquiridas por amistades o clientes personales de cada artista, con el transcurrir de los años, muchas de esas obras han cambiado de propietario, y buena parte de ellas simplemente han salido del país. Y si dichas piezas nunca fueron registradas fotográficamente, lastimosamente para nuestra historia del arte quedaron desconocidas. Diez pinturas realizadas por diez artistas distintos parecen a simple vista una pequeña cantidad, pero esa reducida selección de obras que en este espacio mostramos, representa lo más granado del arte nacional de medio siglo atrás y es una válida referencia para hacernos una idea de la producción artística en esa atribulada década (recordemos que en junio de 1975 se produce la masacre de Los Horcones, funesto suceso que ha dejado una triste huella hasta el presente). A nivel regional, la guerra civil tomaba fuerza en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, siendo Honduras parte del conflicto por el paso de armas y tropas de uno y otro bando. 1975 también significó un cambio de rumbo y de actores en la administración militar que gobernó el país a todo lo largo de ese decenio.

Esta reducida selección de diez obras no ha sido una elección sencilla, carecemos de un corpus de arte hondureño que nos permita hacer una muestra más amplia, tanto de obras como de autores. Se han utilizado pinturas de colecciones públicas y privadas, tanto de carácter empresarial como personal, siendo el registro fotográfico profesional la herramienta que nos ha permitido poder compartirlas en este espacio virtual. La intención no ha sido elegir algunos artistas y dejar fuera otros, es sencillamente que entre más nos alejemos en el tiempo, menos obras podemos encontrar de arte hondureño, de hecho, nueve de los diez artistas acá referidos ya han fallecido, lo que complica el acompañamiento de ellos para localizar sus obras. A continuación, se presentan de manera cronológica los autores, comenzando con Álvaro Canales nacido en 1919 y concluyendo con Hermes Armijo Maltez nacido en 1951, quisiéramos incluir la obra de mujeres artistas, pero hasta el momento de escribir estas líneas no hemos encontrado obras para su registro, y ello pese a que pintoras como María Williams de Talavera en esa década tuvieron una prolífica producción.

ACanales

Álvaro Canales. Niña y paloma. 1975. Acrílico sobre tela. 48 x 68 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35 mm, 2009

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Álvaro Canales (1919-1983) nació en la ciudad de San Pedro Sula el 5 de octubre de 1919, mostrando desde pequeño su inclinación hacia el arte. Para 1938 se inscribe en la Escuela Nacional de Artes y Oficios y dos años después al inaugurarse la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) ingresa en ella, convirtiéndose en uno de sus primeros estudiantes graduados. Hace su primera exposición colectiva en 1943 y parte hacia El Salvador ese mismo año, para finalmente viajar en 1944 hacia Guatemala y radicarse posteriormente en México, país en el cual realizaría su vida artística y personal y en donde nos ha legado sus principales creaciones, muchas de las cuales hasta el presente nos son casi desconocidas. Periódicamente viaja a Honduras a realizar proyectos y exposiciones, de las cuales existen reseñas de 1960 en la Galería Morazanida (propiedad de Clementina Suárez) y de la que realizó en 1970 en nuestra universidad, la cual iniciaría una relación institucional con el artista que se extendió durante todo ese decenio.

En 1975 realizaría la obra arriba reproducida, retrata a una humilde pequeña de grandes y expresivos ojos almendrados, su rostro serio no expresa ni tristeza ni esperanza, aunque el ligero ceño fruncido nos infiere a pensar en cierta incertidumbre. La paloma blanca posada en el delgado tubo metálico que parece tomar cuerpo saliendo del fondo, es quizá la reminiscencia del artista a los anhelos de paz en la convulsa región centroamericana de los setenta, una época caracterizada por su polarización política y las luchas sociales que asolaron nuestras naciones. Tanto las facciones de la niña como la paleta de colores plasmadas en la presente pintura, son sello particular de Canales, inclusive el fondo estilizado de estructuras industriales, son un atisbo de la composición -similar en formas y colores-, del mural que realizaría tres años después en el auditorio Juan Lindo de la Ciudad Universitaria José Trinidad Reyes titulado Liberación, una muestra del apego del artista hacia la temática social y la paleta de colores que siempre utilizó. Álvaro Canales falleció en la Ciudad de México el 19 de octubre de 1983.

Gelasio Gímenez

Gelasio Giménez. Piedad. 1975. Óleo sobre tela. 90 x 125 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35 mm, 2024

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Gelasio Alberto Giménez Barrera nace en la ciudad de Cienfuegos, hacia el sur de la isla de Cuba en el año 1923, ahí transcurre su infancia, adolescencia y su temprana adultez. En el presente 2025 tuvimos la maravillosa oportunidad de ver una exposición antológica muy completa organizada por la galería Orígenes y exhibida en las salas del Museo para la Identidad Nacional que nos ha permitido conocer su obra temprana, la evolución a lo largo de su carrera hasta convertirse en el artista del siglo XXI que nos es familiar. La muestra también rescató y compartió documentos oficiales de la Academia San Alejandro en donde Gelasio estudió junto a grandes maestros de la plástica cubana de la primera mitad del siglo XX, lo que nos da pistas de su vida personal y artística en los años previos a residir completamente en Honduras, además que nos enseña que buena parte de la formación y creación de obras de Gelasio en su patria natal son predominantemente esculturas, disciplina que en Honduras nunca practicó, pero que se siente en muchas de sus pinturas la marcada influencia escultórica de sus años de formación.

La obra acá compartida es un ejemplo del diseño escultórico de las figuras que admiramos en las pinturas de Gelasio, formas que parecen guardar su propio volumen que permitiría fácilmente recrearlas en una escultura. Retrata una visión muy particular del concepto religioso de la piedad, desprendiendo a sus protagonistas del aire divino y representándoles sencillamente como seres humanos: frágiles, terrestres y expuestos al sufrimiento físico y espiritual de los simples mortales que deambulamos por esta tierra, así era la obra de Gelasio Giménez, quien nos legó una prolífica y muy elaborada pintura de caballete, minuciosa en su técnica y compleja en su temática. Falleció el  domingo  23  de  noviembre  del  año  2008 en la ciudad de Tegucigalpa.

Arturo Luna

Arturo Luna. Sin título. 1975. Óleo sobre tela. Fotografía por Evaristo López Rojas en película reversible en color formato 120 mm, Ca. 1993

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Arturo Luna López nació el 31 de marzo del año 1926 en Santa Rita, en el occidental departamento de Copán. Como todo joven con aptitudes artísticas, su anhelo de aprender se vió coronado al ingresar a la ENBA que inauguraba sus aulas en 1940. Manuel Gamero nos refiere en una entrevista al artista realizada en 1970, que

«Cuando Arturo Luna, a los 14 años de edad, inició su viaje de nueve días para trasladarse de Santa Rita, Copán, su pueblo natal, a Tegucigalpa, no sabía que aquella beca para estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes lo haría destacar notablemente como ceramista, pintor, y cultor del esmaltado en cobre, en realidad, ni estaba seguro de su vocación» (Gamero, 1970, p. 13).

No podían ser más acertadas las palabras precedentes para resumir la vida de Arturo Luna. En 1953, el artista solicita una beca al Estado de Honduras para realizar estudios especializados en Italia, apoyo que le es otorgado y puede ingresar al Instituto  Superior  de  Faenza -la  cuna  de  la  cerámica   italiana   y   europea-, como lo llamaba otro gran maestro de la plástica nacional como lo es Moisés Becerra-. Ahí estudiaría cinco años, y a su retorno al país se dedicó a enseñar lo aprendido a estudiantes de la ENBA -junto al maestro Becerra, quien también regresaba de Italia-. Es precisamente este último quien nos da pistas de los orígenes del simbolismo de aves que admiramos en la pintura del maestro Luna, al contar sobre ese retorno al país:

Arturo  Luna  nos  sorprenderá  en  seguida  con  su técnica avanzada, la estilización de las formas, la  policromía  mate  de  los  esmaltes,  la  ejecución  espontánea de las obras, la decoración estilizada y su  gusto  afinado.  Precisamente  en  Bellas  Artes  comenzará la época de los pájaros picudos, de las jarras   de   cuello   alto   y   delgado,   de   los   toros   estilizados  y  de  los  peces  voladores  en  relieve (Becerra, 1978, p. 8).

Arturo Luna realizó su última exposición en Santo Domingo, República Dominicana, mostró sus obras en la Galería de Arte Moderno en marzo de 1977 junto a otro grande de la plástica: Luis H. Padilla. Un año después, el maestro Luna fallecería el 9 de marzo de 1978, deceso inesperado que dejó un enorme vacío en el arte nacional.

Dante Lazzaroni

Dante Lazzaroni. Guitarras en descanso. 1975. Óleo sobre tela. Fotografía por Evaristo López Rojas en película reversible en color formato 120 mm, 1987

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Dante Lazzaroni Andino nació el 7 de junio de 1929 en la comunidad de Río Lindo, perteneciente al municipio de San Francisco de Yojoa, departamento de Cortés. Lazzaroni es de los artistas que se graduaron en el primer decenio de funcionamiento de la ENBA, ingresó en 1945 y egresó de ella en 1949. Sus deseos de crecer en el mundo del arte le llevan a solicitar una beca para ingresar en marzo de 1949 a la Academia San Carlos, en México, en donde estudió los siguientes años pintura, escultura y grabado. A su retorno a la patria forma parte del equipo de profesores de la ENBA, en donde comparte sus conocimientos adquiridos.

Además de destacarse en la pintura, Dante ha sido un prolífico grabador, principalmente en linóleo y madera. Ha sido también formador y guía de muchos artistas destacados de la plástica nacional y en su honor se han nombrado talleres de pintura y escultura conformados por muchos de aquellos que con él se formaron. Al respecto Juan Domingo Torres nos expresa que

El maestro Dante tiene el privilegio de ser reconocido en vida como tal por los más destacados artistas de las artes plásticas contemporáneas. Los duros y difíciles como Aníbal, Fanconi, Guardiola, Lutgardo, Maltez, Maury y muchos otros reconocen en él a la persona que sin mezquindad profesional, les exigió como docente, señalándoles así rutas para su profesionalización como artista (Torres, 1996, p. 43, citado en Argueta, 1996,  p. 43).

Dante fue también un incansable buscador de estilos, de técnicas y también de temáticas, su obra por ello es prolífica y variada. La pintura arriba compartida es ejemplo de ello, siendo parte de una serie que el artista haría sobre guitarras y que en el presente caso prescinde de la figura humana, a diferencia del resto de su voluminosa producción en la cual es predominante esta figura. Falleció a una edad relativamente temprana, en 1995 partió dejando tras de sí toda una generación de artistas que vieron siempre en él a un amigo y también a un maestro.

Sandra Fiallos

Mario Castillo. Retrato de Sandra Renee Fiallos Guerrero 1975. Óleo sobre tela. 65 x 88 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35 mm, 2025

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Mario Castillo nació en San Pedro Sula el 8 de diciembre de 1932, siendo desde su corta infancia un amante del arte y especialmente de la pintura. Con apenas 19 años realizó en 1951 su primera muestra individual, según el mismo nos lo relata en la entrevista a él realizada en 1961 que citamos párrafos atrás:

He presentado exposiciones personales en Tegucigalpa durante los años 1951, 1957 y 1958. En muestras colectivas han figurado mis obras en la Muestra Internacional de Arte Contemporáneo de Roma en 1955, en la Exposición Internacional de Milán en 1956 y en la Segunda Bienal Interamericana de México en 1960. Es sin embargo muy honroso y satisfactorio exponer por primera vez en mi ciudad natal, San Pedro Sula (Castillo, 1961, p. 7, citado en Exposición de Mario Castillo se inaugurará mañana en San Pedro, 1961, p. 7).

Ese precoz talento fue premiado por el Estado hondureño al concederle en 1952 una beca para estudiar pintura en la Academia de Bellas Artes de Roma, formación que le permitió realizar al regresar a sus patrios lares en 1958 la prolífica y relevante producción artística que nos ha legado. Sandra Renee Fiallos Guerrero (1945-2025) fue retratada por el insigne maestro hacia el año 1975, una obra que nos revela el espíritu de búsqueda del artista por un estilo propio, el cual encontraría y que le convertiría en todo un referente en el arte del retrato en Honduras. En el que ahora compartimos vemos esos inicios que para finales de ese siglo le convertirían en un prodigio del retrato: el color aplicado como manchas, en el presente caso pequeñas y sin tanta soltura. La modelo el artista la sitúa en el justo centro de su encuadre, se toma el cuidado de retratar también lo ornamentado de la silla en la cual está sentada y decide para el fondo una serie de manchas de tonalidad azules, desde el cobalto hasta el ultramarino. Para cualquiera que admire el presente retrato encontrará algo familiar en su acabado y cromatismo, pero se verá tentado a preguntar si se trata de una obra del maestro Castillo por sus claras diferencias con la obra a la cual estamos más familiarizados del artista.

Mario Castillo falleció el 15 de abril del año 2012 luego de padecer una terrible enfermedad, incansable hasta sus últimos días, en ese año concluyó la comisión de completar para nuestra institución la galería de retratos de rectores que el había iniciado hacia 1990 y que se había visto interrumpida desde 1992 hasta el año 2010 cuando se retomó el proyecto.

Beningno Gómez

Benigno Gómez. Sin título. 1975.Óleo sobre tela. 54 x 43 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35 mm, 2019

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Benigno Gómez López nació en la comunidad de Naranjito, departamento de Santa Bárbara el 17 de enero del año 1934. De cuna humilde, no fue sino gracias a una beca extendida por el Estado de Honduras en la administración presidencial de Juan Manuel Gálvez lo que le permitió ingresar a la Escuela Nacional de Bellas Artes en el año 1950. Para 1960 es acreedor de otra beca estatal para estudiar en la Academia de Roma, en donde radicó hasta su regreso a la patria en 1966, sumándose al plantel de profesores de la ENBA. 

La pintura superior nos muestra una temática, composición y anatomía muy distintas a lo que habitualmente conocemos del maestro Gómez, ejemplo perfecto de su búsqueda de un estilo propio que paso por el neorrealismo rayando casi en el surrealismo por esos años, conceptos que bien se aplican a la obra acá compartida y que parece por sus acabados y temáticas obra de otro artista, pero que en cuanto a pincelada y cromatismo podemos fácilmente inferir que es creación de Benigno Gómez. Longino Becerra en 1989 reseña en los pormenores de una entrevista realizada al maestro Benigno, que de pequeño éste tallaba pequeñas aves en cualquier trozo de madera que encontraba, y al maestro nos remiten las palomas que dominan las obras más emblemáticas de sus últimas décadas de creación, aseverando Longino que «Al principio las puso como una evocación agradecida de las que tallaba cuando fue niño y en cuyas alas voló a Tegucigalpa. Pero después pasaron a ser su sello personal, el elemento por el que se le reconoce a primera vista» (Becerra, 1989, p. 101). El maestro Gómez falleció el 13 de septiembre del año 2017 a la edad de 83 años.

Alicia Tosta

Ezequiel Padilla Ayestas. Retrato de Alicia Tosta. 1975. Óleo sobre tela. 60 x 100 cm. Fotografía por Paúl Martínez en formato digital 35 mm, 2023

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