Liniea Arte Moderno2

Una visita a los indios de Guajiquiro...

 

Paúl Martínez
Fototeca Nacional Universitaria - UNAH

 

 

La presente exhibición forma parte de un proceso de investigación apoyado por la Dirección de Investigación Científica y Posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y busca rescatar el paisaje histórico y los cambios que se han registrado en Honduras en su entorno natural o social en los últimos 150 años, forma parte también de un proyecto más amplio que analiza estos escritos desde distintas áreas del conocimiento, como ser la lingüística, la filología, la economía y el marco legal que a nivel de país protege este material. En este proyecto se han recopilado distintas publicaciones de viajeros y exploradores que recorrieron en el siglo XIX la región centroamericana y en especial Honduras, dejando un testimonio escrito y numerosas ilustraciones que nos enseñan de manera gráfica como era nuestra sociedad en ese entonces, dibujos que acompañaron los libros editados entre 1855 y 1898 en los Estados Unidos de América e Inglaterra y que sirven de base para el desarrollo de la investigación de donde nace esta exposición.

La región centroamericana del siglo XIX ofrecía sin lugar a dudas un universo de oportunidades a los ojos de muchos extranjeros que veían un sin fin de debilidades -y por ende posibilidades- en las incipientes administraciones estatales creadas a raíz de los procesos de independencia de la corona española. A partir de 1821 los gobiernos de la región se vieron forzados a ofrecer concesiones generosas a ciudadanos extranjeros o representantes oficiales de potencias de la época en busca de recursos económicos que les ayuda en fortalecer sus endebles finanzas o en el peor de los casos, a simplemente sobrevivir el día a día como países que venían arrastrando serios problemas de administración estatal. Es en este panorama que varios exploradores extranjeros recorren la región centroamericana en busca de oportunidades de inversiones personales o presentándose a sí mismos como representantes legítimos de potencias extranjeras interesadas en fortalecer relaciones comerciales con los países de la región.

En octubre de 1859, apareció publicado un artículo en Harper's New Monthly Magazine, que llevaba por título: A visit to the Guajiquiro Indians. Aunque el mismo aparece como anónimo, su autoría es atribuida a Ephraim George Squier, dada la similitud de las descripciones y la coincidencia de los lugares por él visitados que aparecen en el libro de 1855: Notes on the Central America: particularly the States of Honduras and San Salvador, firmado por Squier y publicado en Nueva York, una descripción de la geografía, la historia y la cultura de las repúblicas de Honduras y El Salvador

Este artículo aparecido en una de las más reconocidas revistas estadounidenses del siglo XIX, se hacía acompañar de bien logrados dibujos que ilustraban de manera gráfica las narraciones del autor, los dibujos cumplían la misión que ahora es asignada a la fotografía: nos describen de manera visual el paisaje, las costumbres o las edificaciones de la época, entre los temas que más frecuentemente encontramos en ellas. Esta cuantiosa información visual puede ser un documento de primera mano para cualquiera que desee conocer la historia de nuestra Nación.

Squier nace en 1821 en el pequeño poblado de Bethlehem, Nueva York, y por sus múltiples publicaciones es el más reconocido de los viajeros por la región centroamericana, curiosamente ninguno de sus escritos sobre Honduras ha sido publicado en nuestro país, en especial su descripción de la zona de Guajiquiro, en La Paz, que nos ofrece además de su percepción de la zona, maravillosas ilustraciones de costumbres, paisajes naturales, construcciones coloniales, fósiles y vasijas prehispánicas, un total 20 ilustraciones de una envidiable factura técnica que constituyen un valioso registro gráfico de esa zona. Squier se radicó en Nicaragua en el año 1849, nombrado como Encargado de Negocios en América Central por el Presidente de los Estados Unidos de América Zachary Taylor, preocupada la nación del norte por el inminente interés de la Gran Bretaña en construir un canal que uniera el océano Atlántico con el Pacifico, sueño al que siempre ha aspirado la hermana República de Nicaragua.

En 1850, ostentando aún su alto cargo diplomático visitó el Golfo de Fonseca, específicamente el puerto de La Unión, en El Salvador. Agudo observador como siempre lo fue, Squier notó que los vientos afectan la zona solo provenientes del Norte, deduciendo entonces que una interrupción en las altas montañas que cruzan la región debía suceder en Honduras, para permitir que los vientos del Atlántico se dejarán sentir en el Pacífico. Hacemos hincapié en este hecho, ya que fue el que años adelante, movería a Squier a indagar más en el asunto y nacería la idea que le llevaría a recorrer nuestro país apenas tres años después de esta visita. Squier lo explica mejor: .Este hecho no me interesó entonces, sino como un rasgo notable del carácter físico del país: y no fue sino hasta el año de 1852 que se me ocurrió la idea de establecer por allí una comunicación interoceánica."[1].

Empezó a madurar la idea, ante el aparentemente irrealizable proyecto del canal marítimo en Nicaragua, de que la mejor forma de unir los dos océanos sería una ruta terrestre que cruzará Honduras, el país con puertos de excelentes condiciones en ambos extremos: Amapala y San Lorenzo en el océano Pacífico y Puerto Caballos actual Puerto Cortés y Omoa en el océano Atlántico. A raíz de esta iniciativa, empezó a convencer accionistas interesados en financiar la empresa, logró negociar también una concesión con la administración de José Trinidad Cabañas para poner a funcionar lo que el llamaría el Camino de Hierro, su empresa The Honduras Interoceanic Railway Company poco a poco empezó a tomar forma, y con el aporte de ocho accionistas que invirtieron 1000 dólares cada uno, se financió la primera gira de exploración, viaje que inicia en la ciudad de New York en el mes de febrero del año 1853.

Sobre la composición de este grupo de trabajo que debería iniciar la investigación in situ del terreno. Squier escribe asi: ".Debo aquí mencionar los nombres del teniente W.N. Jeffers, últimamente profesor de matemáticas en la Academia de Navegación de los Estados Unidos, del Dr. S.W. Woodhouse, cuyas calificaciones en la expedición del gobierno al Colorado, en California, bajo las órdenes del capitán Sitgreaves, habían sido satisfactoriamente formadas: y de M.D.C. Hitchcock, quien acompañaba la expedición como dibujante...[2]

Este viaje culminó con la publicación antes citada del año 1855: Notes on Central America: particularly the States of Honduras and San Salvador: their geography, topography, climate, population, resources, productions, etc, etc, and the proposed Honduras Interoceanicc Railway. Editado por Harper & Brothers, Publishers se convirtió en un éxito editorial, al año siguiente se publicaba en alemán y en español[3], y la edición en inglés se reeditaría años adelante con ciertas modificaciones. Este libro sobre Honduras y El Salvador se convirtió en el primer compendio de estos países. Y se constituye en una valiosa herramienta para conocer distintos aspectos de nuestras naciones a mediados del siglo XIX, como su título lo dice, incluye información desde clima hasta aspectos culturales, de esa gira de trabajo para presentar el plan del Ferrocarril Interoceanico, forma parte también el recorrido que le llevaría a escribir el artículo: A visit to the Guajiquiro indians, que se publicó en Harper's New Monthly Magazine, No. CXIIL. Vol. XIX de octubre del año 1859 y que constituye el centro de esta exposición

El relato inicia a su llegada a la antigua capital del Estado de Honduras, en donde admiramos uno de los dibujos mejor logrados del artículo: la iglesia Catedral Inmaculada Concepción de Comayagua, vista de tres cuartos, se aprecia su imponente fachada y su costado Sur, llama la atención el barandal que define su atrio, según cuentan algunos vecinos de la ciudad, éste era de madera y hasta bien entrado el siglo XX aún existía. Otro dato curioso que podemos apreciar en la imagen, es sin duda la ausencia del reloj obsequiado por el monarca español Felipe III y que fue ubicado en la torre del templo, todo un símbolo de la ciudad de Comayagua y no aparece en esta ilustración, pese a que sabemos que el obispo Fray Antonio de Guadalupe lo traslado de la iglesia de La Merced a la Catedral en la segunda mitad del siglo XVIII. No sabemos a ciencia cierta el motivo de la procesión que sale de la iglesia hacia la Plaza León Alvarado, si vemos a los fieles devotos inclinarse ceremoniosamente a su paso, pero en el escrito Squier no menciona a qué se debe la celebración religiosa, solo describe que era una celebración mayoritariamente indígena celebrada en domingo, por la lectura de su escrito sabemos que su arribo a la ciudad fue un sábado del mes de mayo, la procesión se realizó el día siguiente de su llegada, ya que menciona que su sueño matutino fue interrumpido por el estruendo de la pólvora, la algarabia de la plaza y el repicar de las campanas de la Catedral y es que al hospedarse en el Palacio Episcopal dormía a escasos metros de ésta.

Otra ilustración interesante lo es sin duda la que retrata la iglesia de La Merced y la Columna de la Constitución, recordemos que el área de La Merced fue en los inicios de la ciudad de Comayagua el centro de la misma, alrededor de ella giraba la actividad comercial, religiosa, política y social de la ciudad. El Conjunto de La Merced lo constituyen la plaza, la iglesia y la ya mencionada Columna de la Constitución, también conocida como "Columna de Fernando VII". La ilustración nos muestra una idealización del artista respecto al paisaje real de la zona, la Columna la sitúa más cerca a la iglesia de lo que en verdad está y omite cualquier señal que nos remita a la existencia de la plaza en donde se tuvo que ubicar el monumento, al fondo, hacia el centro, vemos la silueta de la iglesia San Sebastián, misma que aparece también ilustrada en el artículo.

En el camino de Comayagua hacia Guajiquiro, por la recomendación de su acompañante, a quién el autor nombra siempre como el Padre B. Squier escribe sobre Yarumela, en La Paz, en lo que sería para muchos investigadores la primera referencia a dicho sitio arqueológico realizada por un explorador extranjero, aunque indudablemente la población local ha conocido de su existencia desde tiempos inmemoriales, Squier en su escrito, describe las edificaciones más visibles de Yarumela, curioso que no haga referencia a la estructura 101, la que con sus 20 metros de altura es la estructura más elevada construida en Centroamérica si exceptuamos a las encontradas en sitios Mayas. Llama la atención de Squier el comentario de que en la comunidad vecina de Las Piedras conservan piezas extraídas del sitio y persuade a sus acompañantes que le guíen para poder observarles. Las piezas se guardaban al interior de la iglesia de la comunidad, pequeñas vasijas y ollas de barro en su mayoría, en la ilustración que acompaña al articulo vemos una de ellas, él le llama una divinidad en vuelo, a los lados de la vasija, el artista reproduce la decoración lateral de la misma, al parecer seudoglifos y un diseño estilo petate común en las representaciones indígenas de la época. Esta vasija en particular llamó tanto la atención de Squier, que en un descuido de sus acompañantes, la sustrajo del estante y la guardó en su bolsillo, no aclarando en ninguna parte del escrito si posteriormente la regreso o se la quedó para él.

Una ilustración adelante, el artista reproduce ampliado el personaje principal de la vasija, que Squier alaba la calidad del acabado de la pieza y escribe sobre su delicada manufactura comparándole a una similar que se encuentra en la ciudad de Dresde, en Alemania, cuya descripción le sitúa de procedencia mexicana, a lo cual viendo la similitud entre los estilos de ambas piezas, Squier comenta que seguramente la de Dresde debe provenir en realidad de la región centroamericana y no del altiplano de México.

Las Piedras era el nombre con el cual era conocida la actual ciudad de La Paz, pocos años antes de la visita de Squier se le nombró Villa de La Paz, nombre que aún no era del manejo común de los pobladores de la zona, por lo que Squier le nombra Las Piedras, en 1861 se crea el municipio de La Paz y esa es la nomenclatura actual que conocemos. Otro sitio de interés que le fue mostrado a Squier fueron una serie de cuevas muy cercanas a dicha ciudad de La Paz, la tradición popular siempre ha relacionado las cuevas con pasajes hacia las profundidades y los seres del inframundo que les habitan. En este caso, los pobladores indígenas de la zona sentían especial temor por ser una serie de cuevas con intensas emanaciones de amoniaco que reforzaban la creencia popular de la existencia de demonios al interior oscuro de ellas, en esta ocasión, el Padre B se encontraba indispuesto de salud para acompañarles ese día, por lo que el guía de Squier fue el Alguacil de La Paz y otros acompañantes de la localidad. 

Al final, no sabemos a ciencia cierta qué motivó a Squier a visitar la comunidad de Guajiquiro, quizá su interés en temas etnológicos sea el motivo para realizar esa visita, ya que aparte del libro Los Antiguos Monumentos del Valle del Mississippi, publicó también Monumentos de los Aborígenes del Estado de Nueva York, así que el tema de los antiguos habitantes de América era ya de su predilección al momento de su visita a Honduras y a la zona central del país en particular.

Al respecto del interés de Squier en temas arqueológicos, Charles Lee Stansifer sugiere en su libro que: “...Hasta Abril de 1849, cuando recibió su nombramiento diplomático, Squier había escrito muy poco referente a la arqueología de Centro América. Su reputación científica, ya establecida, se basaba en sus trabajos sobre ruinas arqueológicas dentro de las fronteras de los Estados Unidos, pero en sus investigaciones en Ohio se había llegado a convencer de la creciente importancia de Centro América para sus estudios del Indio Americano. El y Davis estaban convencidos de la necesidad de relacionar a los mound builders con las elevadas civilizaciones al Sur..."  Líneas adelante asegura que: "...A pesar de la cautelosa conclusión de Antiguos Monumentos de que podría existir alguna conexión más o menos intima entre los moundbuilders del Valle del Ohio y las avanzadas civilizaciones de México y Centro América, Squier, por el año 1849 había decidido definitivamente que sí había un lazo íntimo entre los dos grupos indígenas y estaba determinado a encontrar evidencias que apoyaran su creencia. El creía que en Ohio se había originado una semi-civilización que posteriormente se extendió hacia el Sur, constantemente desarrollándose en su progreso hasta que alcanzó su mayor altura en México, y que una investigación de las ruinas de Centro América y México presentaría pruebas incontrovertibles de la unidad básica de los constructores de túmulos del Valle del Ohio y los constructores de las piramides de Centro América y México..."

A su estadía en Guajiquiro, Squier la describe como días tranquilos solo alterados por el intenso frío nocturno que les arrebataba el sueño. Llamó la atención de él, la misa celebrada al día siguiente de su arribo que comenta fue domingo, y hace especial mención del canto indígena en la celebración de la misa y comenta que no dudaría que sería el mismo ritual celebrado durante siglos por los indígenas antes de la llegada de la religión católica traída por el colonizador español, comenta también la coloración de las paredes interiores del templo católico que eran rojo y amarillo.

Para concluir, si continuáramos estudiando una a una las ilustraciones que acompañan este escrito podríamos encontrar datos que nos ayuden a construir mejor nuestra historia, admiraríamos como el paso del tiempo ha ido transformando pequeñas comunidades en notables ciudades en la actualidad, no es necesario aclarar que el mérito de estas publicaciones no es en sí el pensamiento político de sus autores, su valor radica en las detalladas descripciones y elaboradas ilustraciones que nos enseñan cómo era nuestra sociedad apenas tres décadas después de iniciado su camino como estado independiente recién liberado del dominio español.


[1] Squier Ephraim George (2004) Apuntamientos sobre Centroamérica Honduras Y El Salvador. Managua, Nicaragua. Fundación Vida P. 29

[2] Idem. P. 31

[3] Cabe destacar que esta edición en español fue traducida por el ilustre comayagüense León Alvarado y se publicó en el año 1856 en París, Francia.

Sombra4 copia2

Iglesia El Calvario

Expo 06 Obra 01Expo 06 Obra 01 Ficha2

Catedral de Comayagua

Expo 06 Obra 02Expo 06 Obra 02 Ficha2

Instrumentos musicales indígenas de Ajuterique

Expo 06 Obra 03Expo 06 Obra 03 Ficha2

Iglesia de la Merced

Expo 06 Obra 04Expo 06 Obra 04 Ficha2

La marimba

Expo 06 Obra 05Expo 06 Obra 05 Ficha2

La tumba del obispo

Expo 06 Obra 06Expo 06 Obra 06 Ficha2

El Padre B

Expo 06 Obra 07Expo 06 Obra 07 Ficha2

Vasija indígena en la comunidad de Las Piedras

Expo 06 Obra 08Expo 06 Obra 08 Ficha2

Detalle de la decoración de una vasija indígena en la comunidad de Las Piedras

Expo 06 Obra 09Expo 06 Obra 09 Ficha2

Variedad de cactus en el valle de Comayagua

Expo 06 Obra 10Expo 06 Obra 10 Ficha3

Cueva de las Piedras

Expo 06 Obra 11Expo 06 Obra 11 Ficha2

Diente fósil

Expo 06 Obra 12Expo 06 Obra 12 Ficha2

Ruinas de Calamulla

Expo 06 Obra 13Expo 06 Obra 13 Ficha2

Vista lejana de Guajiquiro

Expo 06 Obra 14Expo 06 Obra 14 Ficha2

Vista del pueblo indígena de Guajiquiro

Expo 06 Obra 15Expo 06 Obra 15 Ficha2

Recolectando vocabulario

Expo 06 Obra 16Expo 06 Obra 16 Ficha2

El interior de una vivienda en una hacienda ganadera

Expo 06 Obra 17Expo 06 Obra 17 Ficha2

El propietario de una hacienda ganadera

Expo 06 Obra 18Expo 06 Obra 18 Ficha2

Cascadas de Guajoca

Expo 06 Obra 19Expo 06 Obra 19 Ficha2

Las lavadoras

Expo 06 Obra 20Fichas

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